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Desde San Lázaro. Consultas públicas, a modo de López Obrador. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

26 Mar 2018
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Desde que era el jefe de gobierno Andrés Manuel instauró la consulta ciudadana en esos temas escabrosos o incluso para validar su gestión. El confía en su capacidad de movilización para respaldar las acciones de gobierno o las medidas que favorecen a su proyecto político.

Obviamente la relación clientelar con innumerables grupos que viven de la manifestación, de los pares y bloqueos, así como de todos aquellos que sufren inconformidad, pero que están en el fondo. Son grupos de choque para inhibir a la sociedad. y sustento a las decisiones del autoritarismo.

La zanahoria demagógica que representa la oferta de la consulta pública, es una constante que se repite hasta el cansancio con Hugo Chavez para validar expropiaciones, relecciones y ampliaciones del mandato constitucional y otras lindezas propias de los dictadores, y que después Nicolás Maduro ha replicado hasta el cansancio.

Esta es la razón por la cual, en adelante, se puede acceder a través de un código de control del poder, dictaminado por la izquierda en América Latina y el Caribe, que permite el apoyo democrático a los intereses de los gobernantes que buscan precisamente perpetuar infinitamente la supremacía política, económica y social, de sus proyectos políticos .

"La profundización de los cambios está en la creación de un nuevo modelo político y económico en el que los ciudadanos no solo hacen lo que quieren, sino que decidan las políticas públicas de Estado y de gobierno ... y tomen el control mediante una nueva institucionalidad desde la cual el pueblo ejerza directamente el poder. En este momento decisivo para nuestro continente, en donde ya se puede gobernar en 10 países, enfrentaremos el desafío de profundizar los procesos de cambio en marcha como única manera de derrotar a la derecha y el imperialismo ". Declaración del Foro de Sao Paulo del año pasado.

Sin embargo, cuando surge en sus reglas iniciales las marchas de inconformidad son los primeros en reprimirlas y descalificarlas.

Durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador, cuando era el jefe de gobierno del Distrito Federal, se llevó un barco que marchaba hacia el silencio en la que un millón de capitalinos tomaba el Paseo de la Reforma para protestar contra la inseguridad pública, un lo que de inmediato AMLO la descalificó tildándola de una "marcha de pirruris" y estableciendo una estricta vigilancia y constante atosigamiento contra los organizadores.

Todo esto viene al cuento, porque Andrés en los últimos días ha vuelto a sacar la consulta como la solución a todos los hombres, sobre todo cuando tiene argumentos lógicos y con conocimiento de causa, sus interlocutores lo acorralan sobre la definición de un asunto relevante que requiere precisión y compromiso.

  Así cuando se le pregunta si echará abajo la reforma energética, en una respuesta ambigua señala, que sí, pero no, sino todo lo contrario, para finalizar con el apotegma de que se le preguntará a la gente.

Ahora que el Consejo Coordinador Empresarial ingenuamente pactó una mesa de negociación con AMLO para discutir sobre el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México,  no se dan cuenta que solo es atole con el dedo lo que les dará el Peje, además, claro, que, los acuerdos tomados, aún en el eventual caso que López ganará la elección, no podrían surtir efecto en virtud de que se violaría el estado derecho, aunque claro, adivine estimado lector, pues se llevará el caso a consideración del pueblo.

Así pasará con la reforma educativa, la energética, la fiscal. Además, se trata de medios de comunicación, bancos y medidores a la medida de sus detractores, entre otras florituras que exigen el nuevo equilibrio geopolítico del continente.

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