En círculos políticos extranjeros de influencia, principalmente europeos, la imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador es de risa, y en gobiernos con fuertes lazos económicos, culturales o de intereses ya preocupan lo que ven como ocurrencias sin sentido y sin razón.
En la Cancillería conocen los reportes que las diferentes embajadas de países europeos en México envían a sus gobiernos, pero al parecer la información aún no ha llegado a Palacio Nacional. En la Secretaría de Relaciones Exteriores saben que la imagen del presidente López Obrador en el extranjero se ha deteriorado ya demasiado, y ha pasado de generar una gran expectativa durante la transición y los primeros meses de gobierno, a ser ya una auténtica burla entre los gobiernos de países desarrollados.
En Europa no se explican cómo el presidente mexicano plantea la venta de un avión como solución a distintos problemas. Se burlan de que el resorte político del mandatario de México sea tan silvestre.
Esto no sería más que una simple anécdota chistosa si no fuera porque, a partir de los reportes con los que las embajadas en México se asombran de lo que cada día expresa el presidente, los gobiernos extranjeros dudan cada día de más de invertir en el país. El riesgo crece cada día, pues principalmente en Europa los gobiernos ven en la Presidencia de México a un hombre inestable, irresponsable e incapaz de conducir el gobierno de la nación.
Para muestra un botón: una exembajadora en México expresó en Twitter: “Lo siento, pero en mi mente polaca no cabe la rifa del avión presidencial como solución a los problemas; y que además personas inteligentes en el poder no lo cuestionen. Uno de dos: o soy limitada en mi entendimiento del tema o México se está convirtiendo en la república bananera”.
Quizás la exembajadora Beata Wojna, como muchos otros actores políticos extranjeros, no ha entendido por qué personas inteligentes en el poder no cuestionan las decisiones presidenciales. El enorme control político de López Obrador llega al grado de que sólo sus decisiones valen. En México regresamos a los tiempos en los que en el país no se movía una hoja de un árbol sin la decisión previa del presidente.
Y de la oposición, ni hablar. El PRI está automaniatado y a la vez entregado al lopezobradorismo por una conveniencia que pasa por las oficinas de la Unidad de Inteligencia Financiera. El PAN, por su parte, no tiene brújula y su presidente Marko Cortés no es el líder que requiere una oposición seria y fuerte en estos momentos.
En Estados Unidos tampoco tienen una buena impresión del presidente López Obrador. En público lo felicitan, y en privado se burlan de él. “Juan Trump”, le llaman, y el presidente Donald Trump ha expresado que a México “lo usa” para detener las olas de migrantes provenientes de Centroamérica que tienen intenciones de llegar a la Unión Americana.
A López Obrador no le importa la opinión que de él tengan los gobiernos extranjeros. Los considera neoliberales. Pero el riesgo de que la inversión extranjera caiga y se aleje de México empieza a ser real, y eso sí será un problema. Las burlas hoy son simple chacoteo; en breve pueden pasar a ser una preocupación.