La pandemia por el coronavirus ha generado en México un ambiente político, social y económico tremendamente enrarecido. Es la crisis perfecta que nadie quiere padecer ni enfrentar.
En el nivel micro, cada familia que tuvo oportunidad de hacerlo preparó su plan de resistencia para atravesar la crisis que provocó un cambio radical que obligó a la gran mayoría de las personas a permanecer en casa y a modificar sus hábitos de vida y de consumo. Quienes mantuvieron sus empleos pudieron sortear la crisis de mejor manera que aquellos que, lamentablemente, pasaron a las filas del desempleo o perdieron sus negocios.
En el nivel macro, el gobierno debió prever, pero no lo hizo. A pesar de que el presidente y otros funcionarios afirman que el país empezó a prepararse para la crisis por el coronavirus desde meses antes, lo cierto es que la pandemia agarró a la 4T con los pantalones abajo. Miente el presidente López Obrador cuando asegura que “íbamos muy bien”. “Ahora sí que, como dicen en mi pueblo: tan bien que íbamos y se nos presenta la pandemia”, dijo el mandatario. En mi pueblo lo dicen de otra manera: el presidente afirma que el país iba muy bien, pero se le chingó la rodilla.
Lo cierto es que la rodilla del gobierno ya estaba mal, muy mal, desde antes del coronavirus. El INEGI ha informado que el PIB de México hilvanó cuatro trimestres consecutivos de contracciones y tiene números negativos desde el segundo trimestre de 2019, cuando el coronavirus no existía y estaba muy lejos de existir. Es un episodio más de su muy gustada adicción de echarles la culpa a los demás.
El propio subgobernador del Banco de México, Jonathan Heath, propuesto por el presidente López Obrador, dio a conocer que México creció “solamente en dos de los últimos ocho trimestres”, el tercero de 2018 y el primero de 2019, y que “el crecimiento promedio trimestral de los últimos ocho trimestres es de -0.26%”.
De acuerdo también con Jonathan Heath, “algunos años se revisaron al alza y otros a la baja, pero la tasa de crecimiento promedio anual del PIB del sexenio de (Enrique) Peña Nieto quedó prácticamente igual, ya que se revisó a la baja en tan sólo dos centésimas: de 2.43% a 2.41%”.
No sólo eso. Ya revisado, el PIB del país en 2019 pasó de -0.1% a -0.3%. la caída en el primer año de gobierno fue mayor.
Con estos datos queda más que claro que la economía mexicana empezó a caer desde el inicio del gobierno de López Obrador, y ha mantenido una picada constante. Y este año seguramente tendremos una de las peores caídas del crecimiento del PIB de los últimos cien años.
Por eso la crisis de la pandemia le cayó “como anillo al dedo” a su gobierno, pues le echará la culpa del desastre. Por eso también al presidente le urge dar a conocer un nuevo indicador en el que, dice, ha estado trabajando y con el que, según él, se medirá el bienestar de la población. Los resultados de la nueva medición se pueden adelantar. Con toda certeza, se enfocará en la igualdad entre los distintos estratos de la sociedad, dejando a un lado el crecimiento. No importa si el país no crece, lo que verdaderamente importa es que haya más igualdad y felicidad.
El riesgo es que la igualdad estaría impulsada por el crecimiento en el número de pobres en el país. Tan sólo como resultado de la actual crisis se calcula que entre 10 y 12 millones de personas pasarán de la clase media a la pobreza.
En el concepto del gobierno de López Obrador, los pobres son buenos y los ricos no. Estos últimos son materialistas, corruptos, deshonestos. En cambio, los pobres son bondadosos, felices, espirituales. Por eso el mandatario ve con buenos ojos que no haya más riqueza en el país.
El nuevo índice con el que el gobierno de México medirá el “bienestar” comprobará que el país está mejor hoy que en diciembre de 2018. El país no va bien, y la realidad así lo muestra, pero una rodilla jodida no será el motivo por el que los “otros datos” no se impongan.
La información del nuevo índice se irá puliendo a medida que avance el sexenio, y la propaganda oficial se encargará de difundir a los cuatro vientos que la gente está feliz, feliz, feliz. Mientras eso ocurre, a seguirle echando la culpa al pasado, a la pandemia, a los neoliberales, a los adversarios…