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Se tenía que decir… La pandemia vino a hacer el trabajo de la oposición. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

03 Jun 2020
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La pandemia del coronavirus está resultando ser un gran rival, difícil de vencer, para México. Ha provocado ya una crisis de salud que tiene en jaque a las autoridades, y tiene al país en el inicio de una crisis económica de tamaño descomunal, que acapara la preocupación del gobierno.

 

Las dos crisis, la sanitaria y la económica, dejarán daños muy severos en el país. En materia de salud, el gobierno enfrenta además una crisis de credibilidad derivada de los mensajes contradictorios que han enviado las autoridades. Desde el inicio de la atención de la pandemia en México, el presidente Andrés Manuel López Obrador mostró su desdén hacia todas las acciones que se advertían para ayudar a aminorar los efectos del coronavirus en el país. Ello provocó que se actuara tarde, aunque se niegue.

 

Esa crisis de credibilidad también se refleja ahora, pues mientras la campaña institucional refiere que sólo hay que salir de casa para lo indispensable, y que solamente sectores esenciales serán los que tengan autorización para mantener sus puertas abiertas, el propio presidente ya se lanzó a una gira de trabajo para inaugurar los trabajos de construcción del Tren Maya en los estados de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco y Veracruz. Los eventos que encabezará, para nada son esenciales.

 

Por cierto, al margen, alguien cercano tendría que decirle al presidente que es ridículo dar discursos sin público, y usar ropa que parece haber sacado del clóset de un jugador de la NBA. Y se burlaba de Felipe Calderón.

 

El número de contagios y el de fallecimientos por el coronavirus van en terrible aumento, en franca reticencia a aceptar que la curva se ha aplanado, que la pandemia ha sido domada, o que estamos en un buen momento para reiniciar actividades. A pesar de ello, la autoridad, el presidente y el subsecretario Hugo López-Gatell tienen un discurso contrario.

 

En tanto, las autoridades de la Secretaría de Salud informaron que el número de muertos por coronavirus es ya de 10 mil 637 personas, mientras que los contagios confirmados ya son muy cercanos a los 100 mil, de los cuales 16 mil 940 se mantienen activos.

 

Al mismo tiempo, en el sector económico las noticias son: se perderá un millón de empleos formales en 2020 y más de 12 millones contando al sector informal, la caída de la economía llevará al PIB a niveles de -8.8, y el gobierno no atina a comprender que sólo apoyando a los distintos sectores empresariales se podrá hacer frente de manera efectiva a los efectos del coronavirus.

 

Todo ello en su conjunto ya ha provocado una caída de 23% en la aprobación presidencial, y esa es la razón por la que el presidente decidió, a pesar de que el coronavirus se encuentra en su etapa más crítica en el país, realizar una gira de trabajo banal, sin sustancia. Pero a su vez, en las calles ya se reflejan las muestras de enojo con la situación actual, y diversos grupos se han manifestado en contra del presidente.

 

Al parecer, la pandemia vino a hacer en México el trabajo de una oposición hasta ahora inexistente, y ha colocado al presidente contra la pared. Los reclamos hacia el mandatario tienen que ver con la falta de medicamentos en los hospitales públicos, la pérdida de empleos, la corrupción que permanece (aunque el propio presidente diga que ya no hay), y el estado en general que guarda el país en materia de inseguridad.

 

La inseguridad, la mala actuación para recibir al COVID-19, y los pésimos resultados que se están obteniendo al enfrentar la pandemia, están provocando entre la población una sensación de indefensión que se mezcla con el sentimiento de abandono por la falta de apoyos gubernamentales en materia económica.

 

Por supuesto, el presidente López Obrador nunca imaginó que en su gobierno tendría que enfrentar una crisis de este tamaño, pero por los resultados vistos el cargo le quedó más grande que la guayabera y el pantalón que portó en uno de los eventos de su gira del contagio.

 

La oposición empieza a tener esperanzas de rescatar algo en las elecciones del próximo año, no por lo que sus partidos hayan realizado sino por los errores propios del gobierno y del presidente. Es un gobierno que está muriendo de nada, de inacción y de incapacidad. El presidente se suicida políticamente, y mata a su gobierno de manera anticipada. La oposición, mientras tanto, continúa sin actuar, sin entender. El propio presidente les da un pase para gol, y no saben qué hacer.

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