El caos presente en Estados Unidos es el estallido de la opresión, violencia y racismo ejercidos en contra de la comunidad afrodescendiente en el país y que ha sido tolerada históricamente. Desde el 2016 se ha exacerbado con un discurso de odio proveniente desde la Casa Blanca, y las consecuencias son sumamente lastimosas, en primera instancia, para aquellos que viven dicha opresión y discriminación en carne propia oprimidos, y en un segundo plano, a todos los demás. ¿Ahora qué sigue para EEUU?, ¿acaso esta lucha trasciende?
En el ámbito político, la sociedad estadounidense se enfrenta a una encrucijada que se combina con el hastío y dolor que la muerte de George Floyd ha colmado entre la población. Los mismos familiares del difunto Floyd urgen a quienes se han movilizado violentamente a dirigir su esfuerzo hacia las elecciones del 3 de noviembre. Esto implica que el discurso de odio de Donald Trump se le ha revertido debido a la gran ignominia sobre el tema racial en los Estados Unidos y que más como castigo, se votará para sacar a Trump y con él a los republicanos del gobierno.
La reelección de Donald Trump hasta poco antes de entrar en la fase del COVID-19 en EEUU se veía casi ganada, pero lo que la oposición demócrata no logró deshacer, el enraizado racismo lo logró en un fin de semana. No es para menos, pues era una bomba de tiempo y es el resultado de la polarización y exacerbación del odio por parte del Presidente Trump.
A pesar de que Trump se encuentra tambaleando, Joe Biden no logra unificar lo que se ha quebrado. No logra adherir ninguna de las piezas rotas ya que no cuenta con un partido solidario ni con una base popular fuerte, pues recordemos que ni con el mandato de Barack Obama, se logró erradicar el racismo ni la discriminación característicos del país.
Las protestas y el hastío evidente de la población afectada, así como quienes son solidarios con el movimiento, serán quienes determinen el futuro político de Donald Trump. De lo contrario, los estadounidenses condenarían su propia historia, su lucha y sus propias esperanzas de erradicar el racismo. Aunque la oposición no se presente como la mejor opción, sí representa un mal menor y se vería orillado a retomar la discusión antirracista para progresar como nación.
Estas protestas han destapado un tema tabú en varias sociedades alrededor del mundo. También se suscitaron protestas en contra del racismo y de la discriminación que también se vive en países como Francia y algunos en Asia, donde localmente sufren a manos de autoridades y de su misma sociedad. Se necesita entender que ningún movimiento social es más importante que otro, sino que todos son interseccionales, y a partir de este punto se pueden crear grandes redes solidarias para trascender las problemáticas que enfrentan, siendo estos estructurales o no. Las lecciones que estos movimientos nos dejan son varias, dentro de las cuales es importante resaltar que fomentar el odio desde el poder jamás será benéfico para ninguna sociedad y que las movilizaciones sociales pueden ser un verdadero motor de cambio dentro de un país y que pueden trascender fronteras con facilidad. Ejemplos hay de sobra en la historia contemporánea.