Los datos económicos siguen siendo francamente malos, y a ellos se suman decisiones de la actual administración que muy poco ayudan a enfrentar las expectativas para mejorar el escenario tan pesimista que se tiene para el regreso a la normalidad que tanto se empecinan en hacer y decir que está en camino.
Lo que está en camino es la restauración del viejo régimen estatista y monopólico que teníamos en los setentas y con ello restablecer los privilegios de las burocracias doradas de los gobiernos propietarios del pasado.
Una muy mala noticia para todos es la declaración de ir por la restauración del modelo energético basado en el monopolio estatal de las dos empresas improductivas del estado, PEMEX y CFE, donde señalan que van por la eliminación de la reforma energética y con ello monopolizar las fuentes de energía de nuestro país, basta recordar que una depende de la otra.
De acuerdo a datos de un nota técnica titulada La generación de energía eléctrica en México firmada por Leonardo de Jesús Ramos-Gutiérrez y Manuel Montenegro-Fragoso[1] destacan la terrible dependencia que teníamos de las energías fósiles para generar energía eléctrica y señalan que antes de las reformas estructurales la canasta energética de nuestro país estaba integrada por capacidad instalada con que CFE genera energía eléctrica y que utiliza recursos no renovables (termoeléctricas, 73.5%); el 23.8% de las fuentes usa recursos renovables, principalmente grandes hidroeléctricas, que son limpias pero no sustentables o libres de impactos medioambientales y un 2.7% requiere de una energía de tipo alternativo para tal fin, como es el caso de la nuclear.
Para 2011 con las reformas estructurales el panorama de nuestra matriz energética es más equilibrada destacando que la capacidad instalada que tiene México hoy en día en porcentaje de participación por tecnología está distribuida de la siguiente manera: termoeléctricas, 45.1%; hidroeléctricas, 21.9%; carboeléctricas, 5.1%; nucleoeléctrica, 2.7%; geotermoeléctricas, 1.7%; eoloeléctricas, 0.2%, y el 23.3% restante corresponde a centrales termoeléctricas construidas con capital privado por productores independientes de energía y que algunas consumen biomasas, y otras fuentes principalmente parques solares.
Restaurar el modelo energético a través de la pretendida contrarreforma energética es darnos otro balazo en el otro píe, ya nos lo dimos con la restauración en materia educativa con el regreso del control de plazas y contenidos al SNTE y a la CNTE que vuelven a dar los malos resultados que se pretendieron resolver con la reforma laboral educativa de Peña.
La generación de energía eléctrica en nuestro país dependía casi en su totalidad de PEMEX y de los recursos fósiles energéticos, pero ahora PEMEX enfrenta el agotamiento de sus reservas convencionales, es decir, las que de manera tradicional hemos aprovechado como son las continentales y de aguas someras, ambas en proceso de agotamiento, con una agravante más que eran recursos petroleros bajos en azufre o ligeros y mucho más fáciles de refinar.
La realidad de nuestro país es que sus reservas de fuentes fósiles son no convencionales, aguas semi-profundas y profundas, lutitas y de pozos fragmentados como Chicontepec que presenta bajos niveles de producción por pozo y problemas técnicos (baja presión y declinación temprana). Ha habido varios proyectos de desarrollo integral fallidos o con mínimos resultados, bajísimos factores de recuperación y no hay esperanza tecnológica inmediata que resuelva su problemática geológica.[2]
Es decir que nuestras fuentes de recursos energéticos fósiles no son de fácil acceso, y que, a la suma de ello, nuestras capacidades institucionales no están a la altura para su explotación rentable y menos en esta época con precios por debajo de los 40 dólares. Esta es una de las razones por las que se hizo la reforma energética y por lo mismo que se buscaron asociaciones estratégicas con empresas que ya cuentan con capacidades operacionales en explotación de este tipo de yacimientos que para nosotros no son convencionales, pero para ellos sí.
La reforma energética mandaba señales de solución de mediano y largo plazo, la restauración del viejo régimen manda señales de agravamiento y recesión o cuellos de botella en el mediano y largo plazo en materia energética.
Si realmente queremos mejorar las condiciones de estabilidad y crecimiento sostenido tendríamos que avanzar más rápido hacia la era pos petrolera y para ello tendríamos que reconocer el carácter estructural de riesgo que implica seguir avanzando por la vía de la restauración de la actual administración, en lugar de seguir avanzando hacia un modelo energético eficiente y sustentable con base en fuentes energéticas de libre uso como el sol y el aire, dos recursos inagotables.
Sin pretextos tenemos que hacerlo y no con falsos dilemas sobre los excedentes petroleros que se quieren utilizar para seguir montando dudas sobre la reforma energética, los excedentes son producto de nuestra ley de presupuesto, en donde siempre se estima un precio de petróleo para armarlo, la diferencia de los recursos entre el precio estimado en el presupuesto y el realmente cobrado es lo que se conoce como excedente petrolero y es un precio promedio anual. Para el año en curso se estimó en 45 dólares el barril, a la fecha se tiene un precio promedio por debajo de esta cifra, es decir tenemos un faltante que se compensa con el Fondo de Estabilización que usamos en 2019 y 2020 y muy probablemente no tendremos para el 2021 como señaló Herrera.