Cuando los últimos estertores de los diputados de oposición se escucharon para defender a los fideicomisos, nos salió el presidente que la consulta para juzgar ex servidores públicos tiene que hacerse el mismo día de la elección intermedia para ahorrar su costo.
Solo un ingenuo compraría tal argumento cuyo real propósito es apoyar a los candidatos de Morena que aparezcan en las boletas.
Todo lo que hace el presidente subyace el propósito electoral. La obsesión a veces a es tan evidente, que de inmediato se descubre la intención y ese es el caso de juntar la consulta con los comicios del próximo año.
Como están las cosas, con la restauración de la “dictadura perfecta”, con la sumisión del poder Legislativo y Judicial, pues no dude estimado lector, que finalmente la boleta de la consulta se incorporará al paquete de boletas en donde elegirán a 15 gobernadores y a diputados federales, además de 3 mil cargos de elección popular.
El titular del Ejecutivo Federal no tiene contrapesos y gobierna como en las administraciones de Luis Echeverría o José López Portillo, tiempos en donde no se movía nada, sin la voluntad presidencial.
Ahora, se retorna el absolutismo presidencial, sin embargo, a diferencia de las décadas de los sesenta y setenta, la sociedad participa activamente a través de las redes sociales y de la presencia internacional, amén que muchos protagonistas de esa activa sociedad mexicana, son los principales detractores del presidente de la república.
Corrían los inicios de los noventa, cuando el escritor peruano y activista político, llegó a nuestro país y en un programa de Televisa, le tomó la palabra a Octavio Paz y al resto de los organizadores del encuentro de intelectuales europeos y americanos y dio toda una tesis en torno al partido en el gobierno, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y su permanencia en el poder.
“Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en aplaudir, como todos los que creemos en la democracia, encaja en esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante”
“México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”.
Ahora en el 2020, 30 años después de esta declaración del premio nobel de literatura, cobra una vigencia inusitada ante el salto al pasado que está haciendo López Obrador y no solo hablamos del control que tiene sobre los otros dos poderes de la Unión, sino de otros organismos que son vitales en la consolidación de la democracia mexicana, como el Instituto Nacional Electoral (INE), organismo ciudadano que con el último fallo que emitió en torno a negar el registro como partido político a varios colectivos ciudadanos, como el de México Libre, que preside Margarita Zavala, mostró su servilismo al Ejecutivo.
Todos los organismos independientes que han desaparecido o en el mejor de los casos, se han nombrado a incondicionales del presidente, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, son clara evidencia de la restauración de la Dictadura Perfecta.
Por fortuna, en los albores del siglo XXI no están dadas las condiciones que existían hace 30 años en nuestro país.
La sociedad proactiva mexicana, letrada e informada, se está movilizando, no obstante que apenas van dos años de este sexenio y ello da esperanza de que en las elecciones del otro año, las cosas comenzarán a cambiar.