París, Roma, Berlín y Viena. Son de las ciudades europeas con más caché y cliché que hay para cuando se está de paseo por Europa, por mencionar sólo algunas de las más famosas, a pesar de que existen muchas más ciudades y pueblos por visitar en el viejo Continente. Pero este no es el punto a discutir. Más bien, al menos dos de estas ciudades parecieron hacerle ojitos a la NO-primera dama Beatriz Gutiérrez Müller para que decidiera, esta vez, atribuirse dicho estatus.
No sorprende que la administración de López Obrador se maneje con desprecio hacia las instituciones, incluyendo a las que componen el cuerpo diplomático mexicano. Si bien hace un par de semanas lo dejó muy claro con su discurso ante las Naciones Unidas, esta vez lo vuelve a hacer. Relaciones Exteriores se enteró de la gira de la NO-primera dama ya que ella estaba en suelo europeo, pues la SRE dio a conocer del evento y las futuras actividades de Betariz Gutiérrez hasta dos horas después de que ella ya lo hubiera anunciado en sus redes sociales.
Aparte del tema sobre si para estos viajes a París y Roma Beatriz Gutiérrez decidió asumir la investidura de la cual había renegado desde un inicio y que además, se presenta como en representación del mandatario mexicano, tarea la cual las mismas embajadas en aquellos países o el mismo Marcelo Ebrard pudieron haber cumplido sin mayores complicaciones, ya que esas son una de las muchas actividades diplomáticas por cumplir, los temas a tratar hablando en específico sobre su visita al Vaticano, dejan un enorme sentimiento de decepción por parte de la política exterior mexicana.
Tampoco es noticia que no existe una estrategia modernizada para fortalecer a México en el escenario internacional y que además, los logros pequeños o grandes que se pueden alcanzar en este mismo ámbito se han visto continuamente entorpecidos por el mismo presidente. Esta ocasión, se termina cayendo en la decepcionante presentación de la carta por parte de AMLO al Papa Francisco en la que, en resumidas cuentas, se le pide que “[...] tanto la Iglesia Católica, la Monarquía española y el Estado Mexicano debemos ofrecer una disculpa pública a los pueblos originarios que padecieron de las más oprobiosas atrocidades para saquear sus bienes y tierras y someterlos, desde la Conquista en 1521 hasta el pasado reciente.”
De nueva cuenta, al carecer evidentemente de un plan que fortalezca a México en problemáticas y/o temas que atañen actualmente al mundo como el cambio climático y la implementación de energías sostenibles, derechos humanos y una posible agenda de género, se pretende revivir un resentimiento que poco a poco se ha tratado de aliviar en el paso de la historia mexicana. Además, se pretende gobernar bajo este mismo lema traumático de los abusos durante la época de la conquista que, si bien los hubo, el país en la actualidad tiene mucho más que ofrecer que un duro pasado. Amañar la historia en este sentido para apelar a un nacionalismo poco existente entre la sociedad mexicana, habla más de traumatismos no superados y sólo por ciertas figuras, que en sí de lo que representa México hoy ante el mundo.
Si la mal llamada Cuarta Transformación de AMLO no tiene más por ofrecer que tratar de imponer a como dé lugar una nueva efeméride como lo sería festejar no sólo el inicio del proceso de la Independencia de lo que hoy es nuestro país, sino además la fecha de su consumación, nos deja ver que en la política de López no existe un fondo ya que con cambios simbólicos pero innecesarios, se pretende “transformar y “gobernar” que tiene como consecuencia, dejarnos fuera del ámbito internacional. Error garrafal, ya que si alguna lección ha dejado la pandemia para gobiernos mundiales, es que ahora más que nunca se necesita de cooperación para sobrellevar los problemas que atañen al mundo hoy en día. Lastimosamente, México está caminando hacia atrás.