Estamos a dos días de la toma de posesión de Joe Biden como el presidente número 46 de los Estados Unidos de América, y atestiguamos la transición más atropellada y escandalosa que se ha vivido en el país vecino del norte por diversos acontecimientos que involucran al casi ex presidente Donald Trump. En el escenario internacional, y específicamente con México, la relación entre Biden y el presidente Andrés Manuel López Obrador inicia con el pie izquierdo por un delicado tema que atañe nada más y nada menos que a la exoneración del ex secretario de la Defensa Nacional de México, el General Salvador Cienfuegos.
La semana pasada, exactamente el jueves 14 de enero, la Fiscalía General de la República (FGR) comunicó la decisión de exonerar al General Salvador Cienfuegos de los cargos imputados en EEUU por asociación delictuosa con el narco durante su periodo a la cabeza de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). La noticia ha tensionado aún más la relación bilateral de nuestro país con los Estados Unidos, pues recordemos que el incesante apoyo de AMLO a Donald Trump ocasionó que el presidente mexicano evitara pronunciarse sobre la toma del Capitolio para evitar la ratificación de Biden como el nuevo presidente, o que haya declarado que no asistirá a la toma de posesión de este último. La exoneración del General Cienfuegos ha significado una “decepción profunda” para las autoridades estadounidenses, en específico para el Departamento de Justicia, que se ha reservado el derecho de reiniciar el proceso judicial en contra de Cienfuegos.
Las fricciones con el vecino del norte son sólo la consecuencia de algo más profundo que está sucediendo al interior de nuestro país y de lo que poco sabemos y/o tenemos acceso hasta el momento. La premura con la que la FGR actuó para darle “carpetazo” a la investigación del General y las desafortunadas declaraciones del presidente AMLO referente al caso, dejan ver que existe un poder fáctico lo suficientemente poderoso que intenta desestimar las acusaciones contra el General que al mismo tiempo se pueden entender como un daño permanente a la investidura de las Fuerzas Armadas, que cada vez tienen más presencia y responsabilidades dentro del gobierno de López Obrador.
Ahora bien, las declaraciones hechas en la mañanera sobre las “invenciones” de la DEA refiriéndose a las pruebas del caso del General Cienfuegos, son más un reflejo de la personalidad de AMLO que no fue mesurado ni prudente, y sólo profundizan el enojo de las autoridades estadounidenses. Además, la publicación de la carpeta de investigación fue una violación al Tratado de Asistencia Legal Mutua entre ambas naciones, por lo que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, deberá realizar malabares titánicos para sortear los problemas que se presentarán en la relación México-EEUU después de que Joe Biden asuma la presidencia, aunque tal vez no de manera inmediata.
Además, hay una serie de situaciones que se están registrando a la par del caso Cienfuegos, y que avivan el fuego que podría explotar, como las declaraciones hechas por parte del embajador Christopher Landau sobre la venta de armas a México, los problemas que ocasionan las políticas de AMLO en lo referente a las inversiones estadounidenses en el marco de la ejecución del T-MEC, la ausencia de AMLO en la toma de posesión de Biden, el manejo de la pandemia de COVID-19, la discrepancia entre las políticas públicas que ambos presidentes manejan, etc.
Los costes de este contexto político serán altos aunque aún hay que esperar a ver cómo se concretan, y sobre todo, cómo avanzan los eventos tanto a nivel nacional como internacional.