Con el nombramiento de Brenda Lozano como agregada cultural y directora del Instituto de México en España en sustitución de Jorge F. Hernández, el canciller Marcelo Ebrard da un paso adelante y pone fin a un debate inflado artificialmente y azuzado por sus adversarios y en el que no nos vamos a detener.
Con la designación por parte de Ebrard de una de las narradoras jóvenes más destacadas y reconocidas de América Latina se da un salto generacional y se abre la puerta a la fuerza cultural de una nueva camada de creadores, promotores culturales que emergen en el México del Siglo XXI.
Ensayista y editora, con estudios tanto en México como en Estados Unidos, Brenda Lozano ha tenido residencias de escritura en este país, Europa, América del Sur y Japón. Su obra aparece en diversas antologías internacionales y cuenta con tres novelas publicadas por Alfaguara: Cuaderno Ideal, Como Piensan las Piedras y Brujas.
Brenda se presentó a sí misma al aceptar el nombramiento en la península ibérica: “Soy feminista, hay un largo camino que recorrer colectivamente en México en materia de derechos humanos para erradicar la violencia en contra de las mujeres a varios niveles, como también falta un largo camino para que en todo el país las mujeres podamos decidir libremente sobre nuestros cuerpos. Estoy comprometida con la lucha feminista, con la paridad de género, con la perspectiva de género, con la comunidad LGBTQ+ y esta postura cruza mi trabajo tanto en lo que escribo como en el cargo que tomo”.
En su intervención al aceptar el cargo y el encargo, Brenda Lozano señaló que su inclinación literaria no implica que su responsabilidad reflejará intereses personales, por el contrario, afirmó que “con curiosidad y apertura buscaré representar la diversidad de expresiones culturales… descentralizar la divulgación de la cultura mexicana en Madrid, y con otras ciudades en España. En suma, buscaremos en equipo una promoción de la cultura descentralizada, diversa, joven, no vertical y no patriarcal”.
La importancia en la relación cultural entre México y España es histórica y la comunidad más grande de estudiantes mexicanos en Europa está en España y de esos lazos deberá ocuparse la nueva representante de la diplomacia cultural mexicana.
Quizá sea sólo un paso el dado por Ebrard y no haya aún una serie de nombramientos similares en las representaciones mexicanas en otros países, pero es un paso inteligente, comprometido con causas sociales que no han encontrado cauces institucionales.
Si Brenda Lozano tiene éxito, la imagen del intelectual sibarita que aprovecha cargos diplomáticos para su autopromoción, para experimentar desde la soberbia los vicios y virtudes del narcisismo, será sustituida por el empuje, la energía, el talento de nuevas generaciones que renuevan la narrativa, las conversaciones, que empujan quizá sin proponérselo, un cambio civilizatorio donde la inclusión de la diversidad y la perspectiva de género se arraiguen.
El canciller le abre la baraja de posibilidades de nuevos nombramientos al propio presidente de la república en las representaciones diplomáticas de México en el mundo, con un nuevo perfil de servidores públicos, quienes con causas progresistas se aprestan a defender principalmente las banderas feministas.
La apuesta es ganadora y de paso se deja la frivolidad de lado, para abrir camino, con más brío, a intelectuales que no solo defienden con sus ideales la nueva concepción de la cultura mexicana del siglo XXI, sino que, con la frescura de la juventud, aportan nuevos paradigmas a la difusión de la cultura mexicana.