Las señales están a la vista, tan solo hay que escudriñar un poco para entender la ruta que caminará el nuevo gobierno y sobre todo, evidenciará los marcados contrastes que se tendrán con la actual administración.
Más allá de declaraciones están los hechos y estos señalan que se restablecerá el pleno funcionamiento del gabinete legal y ampliado con Claudia Sheinbaum y no como está ahora que, salvo algunas excepciones, los ministros solo son floreros y en muy poco ayudan al Jefe del Ejecutivo Federal.
Todo lo concentra AMLO, desde la agenda mediática hasta las decisiones de gran calado, dejando a sus subalternos con un desempeño mediocre y anodino. De hecho, nadie puede salir a los medios y menos hacer una declaración de mutuo propio.
Nadie negará que la mayoría de los nombramientos que ha hecho la primera mujer presidenta tienen como común denominador la capacidad profesional, experiencia, probidad y eficacia, en cambio, con el tabasqueño, prevaleció lo contrario.
Dicen algunos que no se cortará el cordón umbilical y que esa correa de mando seguirá después del 1 de octubre, están equivocados ya que una cosa es proseguir con la tarea de construir, como ellos le dicen, el segundo piso de la transformación; y otra, que la doctora esté sometida a su mentor.
La primera prueba de que así será, es precisamente la conformación del primero cuadro de sus colaboradores y con la reactivación o creación de nuevos organismos, como la Oficina de la Presidencia a cargo de Lázaro Cárdenas Batel o la Secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, con Rosaura Ruíz.
El único nombramiento anunciado el día de ayer, el de Lázaro Cárdenas Batel como jefe de la oficina de la Presidencia, ha puesto en evidencia la necesidad de reactivar esta dependencia que en otras administraciones era fundamental en el trabajo cotidiano del presidente, toda vez que se requiere, entre otras tareas, darle seguimiento a todas las indicaciones presidenciales a sus subalternos y que todas se cumplan sin pretexto alguno, además, por supuesto, de coordinar el trabajo de todos los ministros.
Esta oficina es la columna vertebral de la administración pública federal para alcanzar los objetivos del presidente en turno, amén de cumplir con los objetivos del Plan Sexenal de Gobierno.
De hecho, atrás de un gran presidente existió un gran jefe de la oficina de la presidencia, bueno así era hasta que llegó López Obrador.
Los nombres, de José Córdoba Montoya, Santiago Oñate, Luis Tellez, Patricia Flores, Gerardo Ruiz, Demian Sánchez, Aurelio Nuño, entre otros, salen a la luz cuando se trata de recordar algunos de esos personajes que dieron brillo a la oficina de la presidencia de varios mandatarios.
Las cargas de trabajo y las inmensas tareas en las que se tiene que avocar el presidente de la República requiere necesariamente de delegar el trabajo y por ello, está concebido el diseño y la ingeniería del gabinete legal y ampliado, sin embargo, con López Obrador, esto no se cumplió, ya que el absorbía y centralizaba todo y bueno, pues los resultados están a la vista.
La relevancia de los personajes que se encargarán de las fuerzas armadas, de Turismo, Cultura, Trabajo y por supuesto de Pemex, CFE e IMSS, entre otros organismos; es relevante, aunque, no dude estimado lector que serán perfiles altamente calificados, aunque algunos pesimistas, apuntan que AMLO se encargará de recomendar a los titulares de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad.
Para nadie es un secreto que varios allegados del presidente trabajan el refinería de Deer Park, en Houston, además de que prefiere asegurarse que uno de sus proyectos insignia, la refinería de Dos Bocas, entre, algún día, en plena operación.
El golpe de timón es un expresión marinera que significa dar un cambio brusco de dirección y eso es precisamente lo que hará Claudia Sheinbaum a partir de que se investida con la banda presidencial, ello no significa, insisto, que romperá con Andrés Manuel.
El golpe de timón de la futura presidenta es un golpe rosa pero contundente y no es contra nadie en particular, solamente se trata de fijar el rumbo hacia un México más incluyente, con justicia social y con nuevas expectativas de crecimiento, no solo en el tema económico, sino en aspectos que permitan abrir oportunidades mediante la educación y otras herramientas a las nuevas generaciones; además de garantizar el respeto a los derechos fundamentales de los mexicanos.