Los destapes anticipados de Morena para cinco de 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027 —Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa— confirman que el oficialismo decidió acelerar los tiempos electorales y colocar sobre la mesa a sus primeras “corcholatas”, disfrazadas bajo el eufemismo de coordinadores estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Son Nora Ruvalcaba, Pablo Gutiérrez Lazarus, Rosa María Bayardo, Santiago Nieto e Imelda Castro, respectivamente.
Morena puede llamarlos como quiera, pero políticamente son sus virtuales candidatos a gobernador y desde ahora tendrán meses para recorrer sus estados, promover su imagen, organizar estructuras y hacer campaña sin llamarle campaña, es decir van a hacer actos anticipados de campaña. Una fórmula suficientemente conocida desde la sucesión presidencial de 2024.
Lo interesante no son únicamente los nombres, sino las condiciones políticas bajo las cuales competirán. Porque, contrario al discurso triunfalista que seguramente acompañará estos nombramientos, ninguna elección está resuelta y en varias de esas entidades Morena enfrentará escenarios particularmente complicados.
Aguascalientes y Querétaro son dos plazas en las que el PAN conserva estructuras políticas sólidas y gobiernos con capacidad territorial. Los hidrocálidos padecerán otra vez a Nora Ruvalcaba, quien intentará por cuarta ocasión consecutiva conquistar la gubernatura. El dato por sí mismo resulta revelador: Morena vuelve a apostar por una candidata que ya conoce ampliamente el electorado y que hasta ahora no ha conseguido desplazar al panismo.
Querétaro presenta un escollo demasiado grande para Regeneración Nacional. Santiago Nieto fue finalmente ungido como coordinador morenista y tendrá enfrente una maquinaria panista profundamente arraigada y con un gobernador, Mauricio Kuri que, al igual que sus antecesores, han dado resultados positivos a los queretanos
Luego vienen Campeche y Colima, donde el problema para Morena es diferente: allí deberá cargar con el desgaste de sus propios gobiernos.
En Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus tendrá que enfrentar no solamente a la oposición, sino las consecuencias políticas de la administración de Layda Sansores y el crecimiento de Movimiento Ciudadano. La frivolidad, censura a los medios de comunicación, corrupción e incompetencia de la mandataria complica la permanencia de Morena en el Poder.
Colima tampoco será un paseo dominical. Rosa María Bayardo está directamente vinculada al proyecto político de la gobernadora Indira Vizcaíno, con quien comenzó a trabajar políticamente desde 2017 y en cuya administración ocupó la Secretaría de Desarrollo Económico. Por ello será imposible que durante la campaña pueda deslindarse de los resultados del actual gobierno estatal.
Indira arrastra una estela de corrupción que difícilmente podrá desprenderse y por ósmosis política le trasladará este pasivo a Bayardo.
Y finalmente está Sinaloa.
Allí Morena enfrenta posiblemente su elección más complicada, no necesariamente porque hoy aparezca derrotado en las encuestas —de hecho, mediciones recientes todavía colocan competitiva a Imelda Castro— sino porque tendrá que convencer a los sinaloenses de que puede romper con el grupo político que gobernó el estado con el narco durante los últimos años.
Imelda Castro fue presentada como la figura que deberá encabezar una nueva etapa y ahora pretende marcar distancia de Rubén Rocha Moya y de Enrique Inzunza. El problema es que en política la memoria existe.
Castro y Rocha no son personajes que apenas se hayan conocido durante el sexenio. Sus trayectorias políticas han coincidido durante años y ambos terminaron formando parte del mismo proyecto que llevó a Morena al poder en Sinaloa. Ahora, después de la crisis política provocada por Rocha Moya, resulta conveniente construir la narrativa de que la virtual candidata representa una ruptura con el rochismo.
Habrá que ver cuántos sinaloenses compran esa historia.
Si alguien piensa que la relación de Morena con el PVEM y PT es buena habría que pulsar el ánimo de las dirigencias de ambos partidos en relación a las intermedias del 2027, quienes se observan bastante optimistas para ir solos en varias entidades.
Los verdes y petistas empiezan a preguntarse para qué necesitan seguir subordinados a Morena si pueden utilizar las elecciones intermedias para incrementar su propia fuerza política rumbo a 2030.
Estas fuerzas políticas analizan competir por separado en algunas entidades. Entre los estados donde existen tensiones aparecen precisamente Campeche, Colima y Querétaro. El PVEM tiene cuadros propios que quieren competir y el PT también pretende aprovechar su estructura para negociar mejores posiciones.
Es decir, la fotografía de Morena, Verde y PT levantando juntos la mano de un candidato puede durar mucho menos de lo que imaginan en la dirigencia nacional morenista.
Aguascalientes y Querétaro serán pruebas de expansión; Campeche y Colima, referéndums sobre sus gobiernos; y Sinaloa será la prueba de fuego para determinar cuánto daño político dejó el derrumbe del rochismo.