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Desde San Lázaro. Gana el PVEM, pierde AMLO. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Sep 2026
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Desde San Lázaro. Gana el PVEM, pierde AMLO. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx

Resulta difícil explicar la pasividad con la que el INE y el TEPJF observan el adelantamiento de los tiempos políticos rumbo a las elecciones de 2027. El destape de las 17 corcholatas del oficialismo para disputar igual número de gubernaturas coloca desde ahora a Morena y sus aliados en una campaña política de facto, cuando los procesos formales para definir candidaturas deberían desarrollarse hasta los primeros meses del próximo año. Podrán cambiarles el nombre y llamarlos coordinadores, defensores de la transformación o responsables territoriales, pero políticamente cumplen una función evidente: posicionar personajes, construir estructuras y ocupar con enorme anticipación el espacio electoral.

Lo verdaderamente interesante del descorche, sin embargo, no está solamente en lo que hagan o dejen de hacer las autoridades electorales, sino en la profunda recomposición que comienza a observarse dentro del bloque gobernante. La distribución de las candidaturas deja ganadores y perdedores y, sobre todo, empieza a mostrar que la correlación de fuerzas construida durante el sexenio de López Obrador ya no permanece intacta.

Uno de los datos más relevantes es que varios personajes identificados con grupos cercanos al expresidente quedaron fuera de posiciones que hasta hace poco parecían tener prácticamente aseguradas. El caso de Andrea Chávez en Chihuahua resulta particularmente significativo por su cercanía política con Adán Augusto López. Su exclusión debe leerse como parte de un nuevo reparto del poder dentro del oficialismo y no simplemente como el resultado aislado de una encuesta.

Lo mismo ocurrió en Quintana Roo, en donde AMLO sufrió otra derrota estrepitosa con Rafael Marín Mollinedo, quien ya se sentía por encima de “Gino” Segura y que a la postre este resultó el ganador de la contienda interna, lo que es visto como otro triunfo del PVEM.

Ello no significa necesariamente una ruptura entre Claudia Sheinbaum y López Obrador. Sería más preciso hablar de un deslinde progresivo. La Presidenta necesita construir su propia estructura de poder, colocar cuadros que respondan a su proyecto y reducir paulatinamente la influencia de quienes llegaron al actual sexenio protegidos por los grupos dominantes de la administración anterior. En política, la emancipación presidencial ocurre desplazando intereses, sustituyendo operadores y modificando las alianzas.

Si alguien piensa que los casos de Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza, Andy y su papa, y por supuesto los amigos del clan, están olvidados por las autoridades norteamericanas, pues están en un grave error, porque muy pronto tendremos noticias de ellos.

Una lectura obligada del descorche de las 17 corcholatas del oficialismo es, sin duda hay un ganador evidente: el Partido Verde, quien recuperó un protagonismo inusitado dentro del bloque gobernante y que, varios personajes vinculados a AMLO, quedaron relegados.

El Verde dejó de comportarse como simple acompañante de Morena y comenzó a cobrar el verdadero valor de sus votos, de su estructura territorial y, particularmente, de su importancia para mantener las mayorías legislativas del oficialismo. Su fortalecimiento rumbo a las gubernaturas demuestra que aquella relación en la que Morena imponía prácticamente todas las condiciones comienza a modificarse.

San Luis Potosí será una de las pruebas más interesantes. Allí el grupo del gobernador Ricardo el “Pollo” Gallardo pretende mantener el control político de la entidad alrededor de su esposa la senadora Ruth González Silva y por ello, le pusieron enfrente por parte de Morena a un candidato perdedor.

Algo semejante ocurre en otras entidades donde los verdes han logrado colocar cuadros competitivos y elevar considerablemente el precio de su alianza como es el caso de Nayarit y Baja California Sur.

El pastel simplemente no alcanza para todos. Si a ello agregamos el creciente malestar del PT y las pugnas entre gobernadores, dirigentes nacionales, grupos regionales y antiguos liderazgos obradoristas, entonces aquella fotografía de unidad que pretende proyectar el oficialismo comienza a mostrar algunas grietas.

Por eso resultó particularmente revelador que Claudia Sheinbaum insistiera, después de las definiciones, en que prevalece la unidad dentro de su movimiento. Cuando en política se necesita repetir demasiado que existe unidad, generalmente significa que debajo de la mesa hay una intensa disputa por posiciones y espacios de poder.

No necesariamente estamos todavía frente a una escisión de Morena, pero sí ante condiciones que podrían provocarla si los inconformes consideran que las decisiones se tomaron mediante imposiciones disfrazadas de encuestas. Los desplazados tendrán tres caminos: disciplinarse, negociar posiciones compensatorias o buscar otras plataformas políticas desde las cuales cobrar agravios.

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