Se espera que sea la marcha más tumultuaria de que se tenga memoria. Por supuesto el Paseo de la Reforma no será suficiente para dar cabida a cientos de miles de mexicanos que unidos salen a las calles a protestar contra Trump y la amenaza que representa no solamente para nosotros, sino también para todo el orbe.
Un tipo que soslaya los efectos del cambio climático y que arremete contra los inmigrantes, merece que lo enfrenten y que su perfil de belicosidad sea frenado a través precisamente del rechazo que millones de norteamericanos y de mexicanos sienten por él.
La marcha del domingo dejará ver que hay niveles en las convocatorias que se hacen para marchar. La mayoría de las movilizaciones que se llevan a cabo en la Ciudad de México, responden más a intereses políticos partidistas que a expresiones auténticas de inconformidad que surgen de un malestar ciudadano.
Ojalá que los oportunistas de siempre no desvirtúen los propósitos de la marcha y respeten su objetivo. Esperemos también que los antisistémicos y los violentos se queden al margen.
Aparte de estos grupos nadie está excluido. Marcharán hombro con hombro, personas de todas las clases sociales. Estarán los estudiantes, obreros, amas de casa, niños, maestros, personajes públicos, políticos, actores, deportistas y todo aquel que sienta que su país está amenazado por el presidente de la nación más poderosa del planeta.
Los mexicanos siempre se han caracterizado por su solidaridad hacia las causas justas y su nacionalismo. De hecho una de las páginas más memorables en la historia postrevolucionaria fue la expropiación petrolera y en ese acto nunca estuvo solo el general Lázaro Cárdenas, lo acompañó siempre el heroico pueblo, ese mismo que ahora también se opone al imperialismo yanqui.