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Desde San Lázaro. La mano que mecía la cuna en el PRI. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

08 May 2018
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Tuvieron que pasar seis meses para que José Antonio Meade le cayera el veinte de ponerse la camiseta tricolor del PRI en lugar de hacerlo a un lado.

Devilizar primero a las bases y con ello a la sociedad. De hacer un lado los corruptos del PRI y quedarse con los honrados y con aquellos que tienen la vocación y la determinación de trabajar por un México mejor. Con aquellos que los admiten su plataforma ideológica y de principios.

Ese PRI se sintió traicionado por Enrique Ochoa Reza el que llegó con la consigna de gradualmente alinear el partido a un proyecto transexual que comanda no Enrique Peña Nieto, sino Luis Videgaray.

Desde que llegó a la dirección nacional Enrique Ochoa Reza, se comenzó a escribir una historia negra en la cual se pretenden refutar con nuevos cuadros que respondieran a sus intereses, acabando con liderazgos regionales y estatales en donde, por ejemplo, los actuales candidatos y diputados tienen una positiva ascendencia.

Con el destape de un no priista, de un candidato ciudadano, el PRI terminó de perder el rumbo y no por culpa de Meade, sino de sus asesores y de la mano que mueve la cuna, que le recomendaron desvincularse del Revolucionario Institucional, si pretendía ganar

Claro, el último que representa ese partido en el imaginario colectivo es muy pesado, sin embargo con ese detalle, se traicionó a cientos de millas de priístas en todo el país que creen en esa opción política y que dedican una buena parte de su tiempo a actividades proselitistas ya aliviar los hombres de algunos sectores de la población, que están abandonados por los fines de las municipalidades.

Esos priístas que aún tienen el gobierno de Enrique Peña Nieto no recibieron ni siquiera una palmada de aliento o de gratitud, fueron olvidados después de cumplir con el cometido de llevarlo a la presidencia de la república.

En el 2016, con la derrota que sufrió el partido en el poder en 7 gubernaturas,  salió del partido Manlio Fabio Beltrones, empujado al precipicio por Luis Videgaray y por el fuego amigo, para encumbrar a Enrique Ochoa Reza, un improvisado de la política.

Cierto se ganó el Estado de México y Coahuila, sin embargo, hay que decirlo, no fue mérito de la cúpula príista, sino de los aliados políticos como Nueva Alianza y el PVEM que le dieron ese margen para evitar que Alfredo del Mazo sufriera una derrota estrepitosa y por su parte Rubén Moreira fue el padre de esa cerrada victoria que se resolvió en tribunales.

Cuando Meade es el ungido, sus brillantes estrategas le recomiendan deslindarse del PRI, además de insistir hasta el cansancio sobre su etiqueta de  candidato ciudadano y no priista, esa decisión aunada al mal trato que daba Ochoa a sus correligionarios fue mellando el ánimo en unos y en otros, de plano, se hicieron a un lado.

En todas las conversaciones en donde estaba presente un senador o diputado del PRI no ocultaban su malestar contra la dirigencia priista y con el gabinete del presidente Peña, quienes los castigaban con el látigo de su desprecio.

A 52 días de las elecciones se corrige el rumbo y se relanza la campaña para el triunfar el 1 de julio. ¿Habrá sido demasiado tarde para ello? Solo el tiempo lo dirá, lo que se debe hacer desde ahora independientemente de que se gane o pierda, es dejar al pri en manos de auténticos militantes y no de improvisados y oportunistas que solo se vieron en el partido como un botín político en las aras de un proyecto transexenal.

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