En nuestro país la agenda sobre el cambio climático es muy reciente y por ende está en un proceso básico en la parte normativa y lejos de que las políticas públicas lo consideren como el eje central de la toma de decisiones.
Ahora que se elabora el Paquete Económico para el 2019 es momento de que el poder Legislativo se apreste a canalizar más recursos presupuestales para dotar a los diversos programas de gobierno, no solo en la etapa de apoyar a las entidades en caso de desastres naturales, como el Fonden, o de prevenirlos como el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), sino de legislar sobre los asentamientos irregulares y poblaciones en riesgo, así como las reubicaciones de comunidades, el diseño urbano de nuevos asentamientos y en general todo lo que tiene que ver con el impacto del cambio climático que van desde aspectos educaciones hasta cultura de prevención.
Desde luego, hay una serie de medidas para evitar el calentamiento global como: promover combustibles limpios, transporte, energía doméstica, residuos, agua, riego, construcción, tan solo por mencionar algunas, e impulsar todo un plan de gobierno sustentable.
Por desgracia, los más pobres son los más vulnerables, de hecho en la lista de los 10 países más afectados el año pasado en su mayoría son africanos. En México ha quedado demostrado, por el impacto de los sismos, huracanes, tornados, tormentas y depresiones tropicales que las entidades más marginadas, son las que han padecido con mayor severidad el impacto de la naturaleza.
Sabe el presidente López Obrador que los desastres naturales serán una de las mayores amenazas a las que enfrentará en su gestión, ya que el daño provocado por el cambio climático ha sido progresivo en los últimos 30 años.
Con esta premisa y a pesar de que se buscan mayores recursos para fondear las propuestas de gobierno de AMLO en torno a apoyar sectores de la sociedad con alta vulnerabilidad, debe considerarse definitivamente los efectos del cambio climático.
La actividad humana ha aumentado de forma exponencial el dióxido de carbono provocando que la temperatura altere la temperatura global y esto por desgracia va a continuar, máxime si, por ejemplo, Donald Trump ha sacado a su país del Acuerdo de París. Tal vez, el tremendo daño que está ocasionado el huracán Michael, el más potente registrado en Florida, en al menos en un siglo, lo haga reconsiderar.
En este año, aunque falta que termine la temporada de huracanes, ya padecimos graves daños por su impacto, particularmente en el norte del país como es el caso del centro y norte de Sinaloa en donde el daño es considerable. La depresión tropical 19-E arrasó con esa región, a la cual han llegado desde el 20 de septiembre a la fecha, más de mil toneladas de ayuda humanitaria. Sobra decir el detalle de los daños, pero si no fuera por el trabajo de reacción inmediata del gobierno, encabezado por Quirino Ordaz Coppel, titular del Ejecutivo estatal y por supuesto de la Marina y el ejército, el daño sería inmenso, sobre todo en pérdida de vidas humanas.
Precisamente a esto nos referimos en esta colaboración, además de que los gobernantes en turno se avoquen al límite de sus capacidades en atender el problema, se debe considerar el impacto del cambio climático en nuestro país como una prioridad en el presupuesto y en la definición de políticas públicas. Ojalá que los legisladores no presten oídos sordos a este tema y el nuevo gobierno esté definiendo las nuevas políticas públicas en la materia.