A un año de haber sido elegido presidente de México, y a siete meses de haber iniciado el gobierno, el balance del lopezobradorismo no da para festejos como el que se pretende realizar el 1 de julio en el Zócalo capitalino. Cualquier festejo con motivo de la acción de gobierno es parafernalia, y viniendo del lado de quien tanto criticó el culto al presidencialismo, es cinismo e hipocresía. Fantochería, diría el propio presidente.
El gobierno lopezobradorista se desmorona, lento pero constante, y va en picada en las encuestas de aprobación, aquellas en las que su líder nunca ha creído pero que invoca a su conveniencia. En tan sólo cuatro meses, de febrero a mayo, el porcentaje de mexicanos que votarían a favor de AMLO en un ejercicio de revocación de mandato cayó 18.7 puntos porcentuales y se situó en 52 por ciento, reveló la agencia México Elige.
La razón de esta caída es una: grandes yerros que hoy tienen al país en riesgo de colapso económico, político y social. Obvio, ni él ni sus todavía muchos seguidores lo aceptan así, porque otra de sus características es ir en contra de la realidad y en contra de las instituciones, como cuando en noviembre de 2006 se autoproclamó “presidente legítimo” y se impuso una “banda presidencial” apócrifa.
Pero la realidad, terca que es, le sigue poniendo piedras en el camino en su afán de pasar a la historia como uno de los mejores presidentes de México. Al paso que va, no sólo no lo va a lograr, sino que pasará a la historia como uno de los peores presidentes del país.
En lo económico, a la fecha se ha derrumbado la creación de empleos. Sólo se crearon 3 mil 983 nuevos puestos de trabajo formales, es decir, una disminución de casi 90 por ciento en relación con el mismo mes del año pasado. La Inversión Extranjera Directa también cayó este año y México pasó de la posición 12 a la 13 entre los destinos por su captación de capital extranjero, de acuerdo con la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Además, PEMEX, la empresa más importante para el país y principal sostén de la economía mexicana, acumuló en mayo tres meses consecutivos con caídas en su producción, de acuerdo con datos de la propia petrolera, que en febrero produjo en promedio 1 millón 701 mil barriles por día y en mayo 1 millón 663 mil barriles por día.
Además, la CEPAL, el Banco Mundial, el Banco de México, JP Morgan y la propia Secretaría de Hacienda han recortado la estimación de crecimiento de la economía mexicana para este año, mientras que Fitch Ratings y Moody’s degradaron la nota crediticia de México, lo que llevó a Citibanamex a sostener que “el riesgo país implícito de México se mantiene más alineado con los de soberanos con una menor calificación. Las decisiones por parte de Fitch y Moody’s están basadas en preocupaciones sobre la perspectiva fiscal del país, principalmente relacionadas a la incapacidad del gobierno de delinear un plan energético convincente, particularmente para el sector petrolero”.
Uno de los principales yerros de este gobierno fue la cancelación del aeropuerto que había iniciado a construirse en Texcoco. ¿Qué gran empresario nacional o extranjero estaría dispuesto a invertir en un país en el que no se respetan los contratos y se cancelan obras de esa envergadura basados en una consulta pública “patito” (¿o “gansito”?) que no tuvo ningún control ni rigor? De acuerdo con el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), “la economía mexicana cayó durante los primeros tres meses del año con respecto al trimestre previo. Eso indica que en esta ocasión el debilitamiento de la actividad productiva ha sido notoriamente más pronunciado y, si la estimación es correcta, no se avizora una recuperación importante en el horizonte. El CEESP aclaró que ello “no sorprende”, después del desabasto de combustibles y el bloqueo de vías férreas que pudo dejar una afectación de hasta tres décimas del crecimiento del PIB, de acuerdo con diversos organismos empresariales. A ello se sumaron las consecuencias sobre el crecimiento de la reducida inversión, que seguramente fue impactada de manera negativa por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), resaltó el organismo.
Para contar los yerros que en lo político y lo social ha tenido este gobierno tampoco alcanzan los dedos de las manos. Solamente en los primeros seis meses, la Administración lopezobradorista ha incurrido en 31 acciones ilegales o de dudosa legalidad y ha impulsado leyes a modo que van en detrimento del Estado de Derecho, de acuerdo con un estudio de las organizaciones Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, y Causa en Común. El inicio del Tren Maya sin cubrir los requisitos legales previos, el reclutamiento anticipado de elementos de la Guardia Nacional y el desmantelamiento de las estructuras de la Administración Pública, son algunas de estas acciones ilegales o de dudosa legalidad.
Pero quizás el más impactante de sus errores en términos políticos y sociales está en el ámbito migratorio. Su afán por parecer un gobierno humanista lo llevó a declarar que México tenía las puertas abiertas para la migración centroamericana, que tradicionalmente busca no quedarse en nuestro país sino continuar hacia los Estados Unidos.
“A partir del día 1 de diciembre vamos a ofrecer empleo, trabajo a migrantes centroamericanos, Ese es un plan que tenemos. Quien venga a trabajar en nuestro país va a tener apoyo, va a tener una visa de trabajo”, declaró AMLO en octubre pasado en Tamaulipas. También aseguró que el tema migratorio no se atendería con deportaciones. “No vamos a atender el asunto sólo con deportaciones, con medidas de fuerza. Vamos a dar opciones, alternativas. Este plan va a iniciarse a partir del día 1 de diciembre y estamos buscando un acuerdo conjunto y se va a avanzando.
Después del manotazo en la mesa por parte del presidente Donald Trump, el sueño de AMLO de pasar a la historia como un presidente humanista se fue al caño. Hoy, la política migratoria de México es de represión. México construyó un muro migratorio en su frontera sur, con el envío de 6 mil elementos de la Guardia Nacional que tienen como misión sellar el paso hacia México.
Con ello, el gobierno lopezobradorista cumple con las indicaciones de Donald Trump, y le obsequia al presidente norteamericano los argumentos para reforzar su campaña rumbo a la reelección.
El gobierno lopezobradorista puso a México en la mirada mundial, no como ejemplo, sino por la publicación de la foto de los cuerpos del migrante salvadoreño Óscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años, y de su hija, Valeria Ramírez, de casi dos, boca abajo, a las orillas del Río Bravo. Intentaban cruzar hacia Estados Unidos, y la corriente del río terminó venciendo las fuerzas del migrante, quien murió ahogado con su hija a sus espaldas, metida en su camiseta, una imagen que ilustra los peligros que enfrentan los migrantes mientras intentan llegar a los Estados Unidos, y las medidas desesperadas a las que recurren ante las políticas diseñadas para disuadirlos.
Algunos dirán que la migración no es culpa de este gobierno. Pero el incremento en el flujo migratorio sí es su culpa. Primero los alentó ofreciendo puertas abiertas y hasta empleos y visas de trabajo, y ahora los reprime y los detiene por instrucciones de la Casa Blanca. Ahora, las estaciones migratorias están a tope. En cinco meses, el Instituto Nacional de Migración ha detenido a medio millón de migrantes, que triplican los 138 mil detenidos en todo 2018. Si continúa así la proyección, para fines de este año serán más de un millón de migrantes detenidos.
El gobierno de Guatemala ya ha reaccionado ante la nueva situación en México, y su representación consular en Comitán dio a conocer que México informó a las autoridades de ese país del aseguramiento de 59 guatemaltecos seis días después de que ocurrió. También acusó que con ello se violan los derechos humanos de sus connacionales, e incluso pidió para ellos la protección de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México.
Y es que este gobierno parece no entender el tema de los derechos humanos y cree que respetarlos significa no matar o no torturar a alguien.
El gobierno de López Obrador, vía la Secretaría del Bienestar (malestar malentendido), rechazó la recomendación 29/2019 de la CNDH sobre las estancias infantiles, y además acusó al organismo autónomo de encubrir crímenes y mantener la impunidad durante el “periodo autoritario neoliberal”. La dependencia adujo que es una “aberración inaceptable” que la CNDH emita una recomendación que cuestione la decisión del gobierno de López Obrador de sustituir los subsidios a las estancias infantiles por un apoyo directo a los padres de familia. Aseguró que detrás de esta recomendación se encuentran “motivaciones políticas” promovidas por “particulares, la mayoría militantes o simpatizantes del Partido Acción Nacional”.
La recomendación en cuestión establece que el cambio en el programa de estancias infantiles “constituye una medida regresiva” en materia de derechos humanos, pues más allá del cambio de nombre y de reglas de operación, el programa sufrió un recorte presupuestal de 50.16% en comparación con 2018.
“Durante el periodo autoritario neoliberal, en lugar de ser la institución que defendiera al pueblo de las atrocidades cometidas por las autoridades y sus protegidos, se convirtió en un instrumento de simulación para mantener la impunidad del régimen de injusticias, corrupción y privilegios”, subrayó la dependencia lopezobradorista.
Así las cosas, el festejo del Zócalo de este 1 de julio resulta ser pura parafernalia, y como dijimos al principio, viniendo del lado de quien tanto criticó el culto al presidencialismo, es cinismo e hipocresía. Fantochería, diría el propio presidente.