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Desde San Lázaro. Fragmentación del voto y hecatombe. Por Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Oct 2017
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La renuncia de Margarita Zavala al PAN altera todo el análisis prospectivo rumbo al 2018 y mete a la elección presidencial en una dinámica de recomposición de las fuerzas políticas, en donde la fragmentación del voto juega un papel fundamental.

Zavala le va a quitar votos al PAN y va a encabezar al bloque de candidatos independientes que, por su cuenta, también están  captando un porcentaje de votos que si bien, aparentemente no alcanzaría para ganar la elección, sí inclinaría la balanza hacia un lado.

Por supuesto  el Frente Ciudadano por México acarrea,  en primera instancia,  los mayores costos por la dimisión, a la vez que los equilibrios al interior se alteran, y en donde el PAN ya no lleva mano para que, desde sus filas, surja el candidato presidencial. Se diría que el PRD se hizo merecedor  de este derecho en la persona de Miguel Ángel Mancera.

El propio Ricardo Anaya puso en riesgo su candidatura al minarle fuerza a su partido en el seno del propio Frente.

Cuando se empezó a esbozar la constitución del Frente,  en el primer semestre  de este año, el espectro político  nacional era claramente favorable al PAN, posteriormente con las derrotas sufridas en el Estado de México y Coahuila y particularmente, la filtración sobre el  incremento escandaloso del  patrimonio de Anaya y de su familia política, el blanquiazul dejó de ser un socio interesante y altamente productivo, por uno incómodo y devaluado.

Este hecho incrementa la presión en  las filas del PRD contra su presidenta Alejandra Barrales que cada día enfrenta más presiones de las tribus por dejarlas al margen de las negociaciones con el PAN y sobre todo por la  sumisión mostrada ante sus aliados albiazules. Y ahora si Barrales no logra que Mancera compita con Anaya por abanderar la causa hacia los Pinos, sus días están contados como política, ya que ni un escaño en  el senado alcanzaría.

Los costos políticos para el PRD y MC por estar en el mismo barco de Ricardo Anaya -que día con día, suma el descredito y rechazo de la ciudadanía-,  son altos y se incrementan con la salida de Margarita Zavala en virtud de que sus seguidores, ubicado entre los panistas y el voto útil, rechazan claramente al Frente.

Así las cosas, el PRI y Morena además de verse favorecidos por la fractura del PAN, se fortalecen por la cohesión interna que existen en sus filas y en particular para el tricolor hay un bono extra,  ya que en caso de  que José Antonio Meade sea su candidato, aquellos panistas que no quieren que gane AMLO y que ven que a la señora Zavala no le alcanzarán los votos para vencerlo, votarían por el titular de la SHCP.

 En este reacomodo de fuerzas, los primeros personajes  beneficiados son el Peje, Mancera, Meade y la propia Margarita Zavala, en contraparte, Ricardo Anaya, el PAN, el Frente, Alejandra Barrales y Dante Delgado,   pagarán los platos rotos de una renuncia anunciada desde hace seis meses y que lejos de evitarla, la incentivaron perversamente para que ocurriera.

El tomar como rehén al PAN para alcanzar la candidatura presidencial, es un yerro de proporciones mayúsculas no tanto para el joven maravilla, sino para ese partido político que luego de perder la presidencia de la república en el 2012, se recompuso rápidamente y en el 2016 se colocó en la antesala de la presidencia con su victoria en siete elecciones estatales, sin embargo la ambición desmedida, la  falta de oficio político y la soberbia de Ricardo Anaya y su equipo, han causado la hecatombe del PAN.

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