La recta final del sexenio peñista, contrario a lo que piensan muchos, es la más relevante por las asignaturas pendientes, por el proceso de implementación de las reformas estructurales y por la consolidación de los megaproyectos de infraestructura como el nuevo aeropuerto, el tren suburbano de Toluca, entre otros, por lo que se requiere, lejos de perder el gabinete, renovarlo con perfiles de probada experiencia y probidad.
Además, el séptimo año de Peña, el 2019, "que se va a padecer el ostracismo, el rechazo de algunos sectores de la población y sobre todo, si el PRI pierde la elección presidencial, la persecución debe tener amigos y colaboradores incondicionales que lo defiendan y sobre todo, que lo acompañen en ese periplo que a decir de varios expresidentes es el más desolador de todos los años que están por venir.
A que voy, a que el presidente Peña sin querer o haciendo la unión de José Antonio Meade ha hecho varios cambios en su primer equipo que sí lo hizo antes de otra cosa, en el tema de la seguridad pública y del abatimiento de la pobreza y la marginación.
La salida de Miguel Ángel Osorio Chong era una obligación y un cambio en un reclamo velado de todas las organizaciones de la sociedad civil que tienen que ver con la seguridad pública. No obstante, el presidente prestó los oídos sordos y el titular de la gobernación lejos de corregir el rumbo se encaplicó en su estrategia fallida. Se había logrado un nivel bajo de la esfera de control de la Segob a la policía federal debido a un error de las consecuencias aún no medidas.
Sin embargo, no se cambió el fusible de la gobernación y vinieron los cortos.
Luego en Sedesol se nombró a un incompetente Luis Miranda que puso en entredicho los logros alcanzados por Meade y complicó la interlocución con el Congreso de la Unión y sobre todo abandonó su suerte a los millones de mexicanos que viven en condiciones de marginación y pobreza extrema .
Otro fusible que causó apagones en el gobierno de la república.
Cuando Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones tuvo una crisis por el socavón de Cuernavaca, se observó a un funcionario soberbio, incompetente y mentiroso, incapaz de aplicar un control de crisis funcional para el gobierno de Peña en donde se sancionara tanto penalmente como administrativamente a las constructoras. Así la irritabilidad de la población contra el gobierno federal no se canalizó contra el titular de SCT, sino contra el propio presidente.
Este fusible daño todo el centro de carga de la presidencia.
Podríamos seguir hablando de otros miembros del gabinete que no han estado a la altura de la circunstancias como Rosario Robles, Rafael Pacquiano y José Eduardo Rovirosa Calzada, respectivamente al frente de la Sedatu, Semarnat y Sagarpa.
Vienen más cambios debido a que varios miembros del equipo cercano del presidente Peña quieren tener el fuero, perdón quieren seguir sirviendo a la patria desde las cámaras de diputados y senadores, por ello se deben nombrar en su lugar a servidores públicos que cumplan con su encomienda al tiempo de acompañar al jefe del ejecutivo federal, mínimo hasta el 2019.
Los casi diez meses que faltan a la actual administración lejos de entrar a la zona de confort deben servir para que se alcance el cien por ciento y rehacer el paso para que el sexenio reformista de Peña Nieto pase a la historia como uno de los mejores de la historia moderna del país. La mayoría de los mexicanos tienen la percepción de que es al contrario, que es uno de los peores, el embargo al paso de los años y sobre todo con el impacto de que tienen las reformas en varios rubros como la educación, las telecomunicaciones y el ámbito energético, pues se reconoce por su tarea.
Mientras tanto, esperaremos a que el siguiente bloque de cambios salgan más funcionarios incompetentes y lleguen, otros, que aunque sean de bajo perfil, tengan los tamaños suficientes para cerrar con broche de oro el sexenio peñista.
