Todos en el cumplimiento del deber, los tres en percances aéreos, solo uno salvó la vida.
Juan Camilo Mouriño Terrazo, Francisco Blake Mora y Alfonso Navarrete Prida, los tres, secretarios de Gobernación.
El 4 de noviembre de 2008, Mouriño falleció al desplomarse el avión en que viajaba cuando volvía a la ciudad de México, después de una gira por el estado de San Luis Potosí
El 11 de noviembre del 2011, el 11-11-11, Blake murió al caer el helicóptero en el que se transportaba rumbo al estado de Morelos. El último mensaje de este funcionario en su cuenta de Twitter fue sobre la muerte de Juan Camilo. "Hoy recordamos a Juan Camilo Mouriño a los tres años de su partida, un ser humano que trabajó en la construcción de un México mejor".
El 16 de febrero de este año, el helicóptero que viajaba Alfonso Navarrete cayó de unos 30 metros de altura cuando intentó aterrizar en un paraje de un municipio costero de Oaxaca, Santiago Jamiltepec. Salvó la vida de milagro. Aunque en el desplome murieron 14 personas que estaban en un campo de vecinos, en donde otros 15 resultaron lesionados. Todos ellos buscaron refugio por los temblores.
Los tres accidentes obligan a hacer una serie de reflexiones en torno a la seguridad personal del segundo servidor más importante en el organigrama del gobierno federal.
Resulta inaudito que no hay protocolos de actuación y protección sobre las condiciones de seguridad en las que se desenvuelve el titular de la Segob, tanto en la logística de viaje, como en el medio de transporte y sobre todo en la agenda institucional.
En los casos de los secretarios de gobierno fallecidos en la administración del presidente Felipe Calderón y de acuerdo con los reportes oficiales, fueron los accidentes provocados por negligencia y fallas en las aeronaves, en cuanto al porcentaje de Navarrete fue causado por la impericia del piloto.
En el caso de Navarrete, sobre la marcha fue la definición del destino del helicóptero, tanto en su aterrizaje como en la población que iban a visitar, y resulta totalmente irresponsable, por decir lo menos, que se haya elegido el lote.
Se entiende que en muchas ocasiones la propia coyuntura modifica la agenda institucional, sin embargo, la prontitud en responder a la emergencia por el sismo ocurrido el pasado viernes fue una decisión acelerada al mandar al secretario de gobernación al lugar de los hechos, en vez de otros funcionarios que tienen responsabilidades y atribuciones directas.
Alfonso Navarrete pudo haber muerto esa noche del 16 de febrero, en mi opinión, por decisiones equivocadas y precipitadas y por carecer de un protocolo, insisto que también precise en qué casos se debe trasladar el titular de la Segob.
Pudo haberse convertido en el tercer Secretario del Interior que muera en el cumplimiento de su deber.
Solo como recordatorio que tiene algunas funciones que tiene a su cargo la Segob: vigilar el cumplimiento de los preceptos constitucionales, cumplir asuntos de política interior y conducir las relaciones del poder Ejecutivo con los otros poderes de la Unión, calificar para los estados y acciones de protección civil y seguridad nacional, entre otras funciones de relevancia.
