México, 13 Sep (Notimex).- Familiares, amigos y colegas rindieron tributo póstumo al arquitecto Carlos Ortega Viramontes (1927-2017), durante una mesa de reflexión en torno a la vida y obra de quien consideraron un gran ser humano, que practicó la arquitectura de una manera serena y callada, y aportó su talento y oficio al país.
Dolores Martínez Orralde, directora de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), recordó que fue uno de los arquitectos que ayudaron a construir el paisaje urbano del México contemporáneo, con la famosa Villa Olímpica en la Ciudad de México, hospitales y estaciones de ferrocarril en todo el país
Fallecido a los 90 años el pasado 13 de junio, Ortega dejó un ejemplo de estilo y época dentro de la arquitectura nacional. Además fue un destacado catedrático que formó diversas generaciones de profesionales, puntualizó la funcionaria en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
En el homenaje participaron Ulises Ortega Chávez y Estefanía Chávez Barragán, hijo y esposa del arquitecto homenajeado, así como sus colegas y socios Ramón Vargas Salguero y Félix Sánchez Aguilar, con la moderación de Martínez Orralde.
Ortega aseguró que “si hubiera que utilizar una palabra para sintetizar la vida y obra del arquitecto Ortega Viramontes, sería esencia” y recordó a su padre como amigo, compañero, socio y creador de imágenes.
“Del arquitecto aprendí que generar valor por un sueño es más importante que generar valor en la riqueza”, complementó. Para él, su padre fue un hombre humilde y responsable en todos los aspectos de su vida, pero con un gran sentido del humor. “Si la gente lo quiere, no es por lo que tenía sino por la forma en que lo hizo”, expresó.
En su oportunidad, la doctora Estefanía Chávez Barragán, también destacada arquitecta mexicana, contó que conoció a su esposo en 1954 siendo ambos estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabajaron juntos en sus primeros proyectos y llevaron una vida de trabajo y armonía junto a su familia.
“Él sabía que celebraríamos su 90 aniversario en el Palacio de Bellas Artes, sin embargo se adelantó en el camino”, expresó la arquitecta, quien agradeció al INBA por cumplir la celebración a manera de homenaje póstumo.
El arquitecto Ramón Vargas Salguero recordó a Ortega Viramontes desde el lado de la academia y el compromiso social, a partir de anécdotas de vida, como cuando fue a dar a la cárcel por sus ideas socialistas en la época de represión de los años 60 y Ortega fue uno de los pocos en visitarlo en prisión y hasta ahí le llevó ayuda al calificarlo como uno de los mejores arquitectos en ese momento.
“Carlos era de aquellos personajes que bien cumplen la difícil sentencia de ser al mismo tiempo un hombre y un ser humano”, dijo emocionado Vargas Salguero.
El arquitecto Félix Santander recordó a Ortega como un compañero de aventuras, como socio y colega, como profesional y docente, pero sobre todo como amigo. Desde que nació estaba destinado a ser arquitecto, siempre se preocupó no por construir edificios sino para que la gente que los ocupara realmente los disfrutara.
Ortega siempre quiso que la gente tuviera lo que él tenía, por lo que fue un hombre sencillo y bondadoso para con su familia y sus amigos, acotóen información difundida por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
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