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Desde San Lázaro. Claroscuros en el aniversario priista. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

05 Mar 2018
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El partido fundado por Plutarco Elías Calles en 1929 llega a un aniversario más, con una cara renovada y con un proyecto reinventado de cara a la elección presidencial, pero cargando con el rechazo de más de la mitad de los electores y sobre todo, sumergido en una crisis de credibilidad y con el sello de corrupción.

Algunos politólogos como José Fernández Santillán, señalan que el PRI llega a este aniversario colonizado por la tecnocracia; Otros expertos señalan que la clase política priista es impresentable ante la sociedad y por ello se repite a un no militante para abanderarlos en la madre de todas las elecciones.

En cualquiera de los casos, los casos en que el tricolor pospuso su extinción a la que se encaminó luego de la estrepitosa derrota de Roberto Madrazo en la elección presidencial del 2006, en donde el PRI se convirtió en un tercer lugar, además de tener una minoría vergonzosa en el Congreso.

La irrupción de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México en el escenario político, salvó al Revolucionario Institucional de una hecatombe y lo reposicionó nuevamente en el ánimo nacional a grado tal que recobró la presidencia de la república, y quien lo dijo dijo que seis años después, paradojas de la vida, Peña Nieto, se convierte en uno de los mayores pasivos de ese instituto político y por ende de su candidato presidencial.

La debacle de la imagen del presidente Peña se debe a múltiples factores, aunque sigo que su gobierno reformador le dio un impulso al desarrollo económico del país y se le cedió la oportunidad, se tiene cifras consignadas en los indicadores macroeconómicos, como el de la generación de nuevos empleos formales que casi rondan los 4 millones.

El PRI de hoy, tiene un líder nacional aborrecido, Enrique Ochoa no aprovechó el tiempo para convocar a las bases a la unidad, al contrario, en corto tiempo, se granjeó la animación de muchos de ellos, particularmente de aquellos que, con aspiraciones legítimas, no fueron nada escuchados. Primero fue un dirigente bisoño y luego un empleado más de la élite priista.

El PRI de hoy, tiene un candidato presidencial que no es militante, debido a que ningún priista de cepa garantiza el triunfo en las urnas, precisamente por el hecho de que ese es ese partido. Por supuesto que los priistas no están de acuerdo con esta premisa y la vez, por eso hay una reticencia en participar activamente a favor de su ajeno abanderado. Aunque, hay que decirlo José Antonio Meade es un candidato que les cayó el cielo y si gana la elección, será un extraordinario presidente. Nadie de los aspirantes presidenciales tiene los blasones de Meade, tanto en su trayectoria profesional, preparación académica y prestigio personal y familiar.

El PRI de hoy tiene aliados en coalición, el Partido Ecologista de México y el Partido Nueva Alianza y si bien es cierto que están haciendo el mayor esfuerzo para llevar a buen puerto la encomienda, también es una realidad que a ellos les convenía ir solos en la elección presidencial, con candidato propio,  y por otra parte, existe gran malestar de su parte contra gobernadores priistas  que no obstante ser aliados, ya alcanzado el poder, los traicionaron.

El PRI de hoy, hay que reconocerlo, ha conformado en todo el país nuevos cuadros, integrados por jóvenes que aún no lo han hecho para el futuro, pero ese partido tiene su ideología perdida. Dice Fernández Santillán que el PRI tecnocratizado ha perdido la ideología de la Revolución Mexicana y también las bases sociales que lo sustentaron y por ello le dejaon el espacio a Andrés Manuel López Obrador.

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