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Desde San Lazaro. El Pais de las maravillas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Sep 2019
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Qué hacer cuando los datos duros son apabullantes y la realidad contrasta totalmente con lo que asevera el presidente López Obrador. Al principio del sexenio se podía sostener lo dicho por el tabasqueño, empero conforme han transcurrido los meses y los indicadores  apuntan en el sentido de que este gobierno ha sido un fracaso, aún mayor en muchos sentidos que al de sus predecesores, léase Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, pues resulta absurdo pretender tapar el sol con un dedo.

No hay manera de atenuar el calificativo, la mal llamada 4T se ha constituido como el prototipo de la ineptitud y la simulación.
Las mentiras y la improvisación son la principal característica de AMLO. Lo único que tiene claro es la ruta para la reelección, lo demás no tiene relevancia.

Si el presidente busca reelegirse mediante la trampa que representa la revocación de mandato, por qué no hacerlo en la Cámara de Diputados, con Porfirio Muñoz Ledo o en Baja California, con el Bonillazo.

La masacre ocurrida en Veracruz  es solo un reflejo de lo que ocurre en el territorio nacional, en donde el hampa dicta sus sangrientos códigos con el beneplácito de la autoridad y bajo el amparo de la amnistía de facto que se les ha otorgado desde la presidencia de la república.

20 mil homicidios es una cifra negra que estigmatiza cualquier acción de gobierno en materia de seguridad.

Los hechos son contundentes, los indicadores en materia económica y en inseguridad pública abruman al discurso oficialista, ese que dice que ya no hay corrupción y que la felicidad campea por los hogares mexicanos, incluso aquellos en donde ha sido despedido de su trabajo algún miembro de la familia, o que ya padece los efectos de los recortes presupuestales.

Instituciones que se construyeron en décadas y percepciones en torno a la confianza en el país   fueron  aniquiladas por el afán de seguir la misma hoja de ruta que gobiernos de izquierda y populistas de la región, como el de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela, emprendieron en su momento.

El cambio de modelo económico y de régimen en donde la democracia y el estado de derecho se han hecho a un lado, en aras de los caprichos de un hombre que pretende cargar sobre su hombros la transformación, comprendida esta como una serie de medidas que pretenden acabar con un modelo neoliberal y con la hegemonía de los mercados, sin tener, siquiera los conocimientos básicos para hacerlo.
Todo se hace de manera empírica y se toca de oído, de hecho, muchas de las acciones emprendidas por AMLO responden más a la coyuntura y lanzar bolas de humo para distraer la atención pública sobre los temas torales para el país, que sobre bases digamos científicas.
La bandera de la corrupción que enarbola orgullosamente el presidente se enreda en hechos que se hacen al margen de la ley como las licitaciones  públicas que se asignan por adjudicación directa, estás representan el 76 por ciento del total.

La recesión económica que ya toca a la puerta, lamentablemente en un efecto domino pegará en los bolsillos de los mexicanos que por ahora ya han reducido sus niveles de consumo que traían  hasta el año pasado.

Los recortes presupuestales responden más a cubrir pasivos causados por Obrador, por ejemplo en la cancelación del aeropuerto de Texcoco, que ha una política de austeridad.
El subejercicio del presupuesto es criminal y para variar, los que menos tienen padecen las irresponsables decisiones.

No cualquiera en tres trimestres, consigue llevar el crecimiento del PIB a cero, es una “proeza” difícilmente superable. Vamos requetebién en  País de las Maravillas que alguna vez recorrió Alicia, en la mente de Lewis Caroll.
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