En la llamada Cuarta Transformación se llenan la boca para presumir que son diferentes a los tiempos del régimen anterior y sin embargo sus actitudes son cada vez más parecidas a las que se practicaron en los tiempos del sistema omnipotente, también conocido como régimen unipartidista donde por más de 80 años gobernó un solo partido. El pasado inmediato no solo está de regreso, sino que, por desgracia, también se asoman reminiscencias de una historia política muy parecida a la que el dictador Antonio López de Santa Ana experimentó para un México de mediados del siglo XIX.
A qué viene esta analogía con nuestro pasado, pues resulta que en el Congreso de la Unión han aparecido vientos de tiempos muy añejos. En la Cámara de Diputados la figura de su actual presidente de la mesa directiva, el diputado Porfirio Muñoz Ledo, está generando un ruido innecesario a la vida política del país, él, y la bancada de su partido Morena que mayoritariamente lo apoya, pretende reelegirse en el cargo durante todo el tiempo que dure la LXIV Legislatura, eso, a pesar de que la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos ex profeso señala que el referido cargo se rotará, cada año, entre las fuerzas políticas mayoritarias que integren la Cámara Baja.
Como sabemos, Antonio López de Santa Anna fue un militar de gran influencia durante el periodo turbulento que México vivió después de su proclamación como país independiente en 1821, y, como señalan sus biógrafos, a veces desde el poder y otras veces detrás del poder o contra el poder, promovió, con sus intrigas, golpes y revueltas de todo signo.
A más de 150 años de distancia de los poderosos años de “su Alteza Serenísima”, así llamado Santa Anna en los periodos que ocupó la presidencia de la república (once veces), hoy los diputados de Morena dan tratamiento igual a un Porfirio Muñoz Ledo que se aferra al cargo y sus adversarios ya lo comparan con el dictador vitalicio que se movía, militar o políticamente, según soplaran los vientos más fuertes en las figuras de los partidos realistas, monárquicos, republicanos, unitarios, federales, liberales y conservadores, y todos esos vaivenes ideológicos calificaron al cuestionado personaje como “un demagogo oportunista carente de ideología”.
Priista de casi toda la vida, en los tiempos del otrora poderoso PRI, donde fue su dirigente nacional, Porfirio Muñoz Ledo ha figurado con otras siglas partidistas como el PRD, PARM, PT y ahora con Morena. Incluso también ha apoyado al llamado partido conservador, Acción Nacional, cuando declinó su candidatura a la presidencia, en las filas del PARM, a favor del candidato Vicente Fox. Y sí, podría decirse que Porfirio Muñoz Ledo ha respirado de aires del pasado, más allá de los tiempos que le ha tocado vivir, a veces con el poder y otras veces detrás o contra del poder.
“Su Alteza Serenísima”, perdón, Porfirio Muñoz Ledo se quiere reelegir, y todo parece indicar que ese berrinche y pataleo será acompañado con la fuerza de Morena y sus aliados, no les importa violentar la normalidad política, y para lograr su capricho han propuesto cambiar lo que a la letra dice el artículo 17, lo pueden hacer, pero lejos de fortalecer nuestra democracia lo que se estará logrando es un regreso a tiempos antidemocráticos o lo que es peor, a tiempos de autoritarismo, a aquellos días donde se perseguía a los opositores.
Se dice que Antonio López de Santa Anna vivió sus últimos años pobre, ciego y olvidado por todos, es probable que en eso no exista un Símil con el Porfirio de nuestros tiempos, pero su presencia como presidente vitalicio de la LXIV Legislatura de la Cámara de diputados ya empieza a tener eco en los rincones del palacio de San Lázaro y por ahí se escucha algo así como ¡¡¡Que viva su Alteza Serenísima!!!
