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Se tenía que decir… ¿Qué aprendió el gobierno de lo ocurrido en Culiacán? Por: Santiago Cárdenas. Destacado

25 Oct 2019
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¿Qué aprendió el gobierno de lo ocurrido la semana pasada en Culiacán, y qué aprendió el país de su gobierno actual? Dicen los que saben que las respuestas a esas dos preguntas son fundamentales para el futuro de México, porque marcarán el rumbo de lo que será la actuación gubernamental y la tolerancia de la sociedad en los próximos cinco años.

 

A pesar de que aún hay muchas dudas sobre lo que ocurrió en Culiacán y sobre por qué ocurrió, la mayor parte de la película ya se conoce. Se sabe que en el operativo fallido se buscaba la aprehensión de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, con fines de extradición a los Estados Unidos. También se sabe que el capo sí fue capturado y posteriormente liberado, debido a amenazas de miembros del cártel de Sinaloa de llevar a cabo una serie de acciones violentas en la ciudad que habrían significado la pérdida de vidas humanas.

 

Además, se sabe que el gabinete de seguridad ha incurrido en diversas mentiras al tratar de explicar lo que pasó, y que el presidente Andrés Manuel López Obrador las ha avalado y se ha montado en una estrategia -ahí sí- para generar un ambiente de confusión alrededor de lo ocurrido en Culiacán.

 

Por lo visto hasta ahora, a una semana de los hechos, el gobierno federal parece no haber aprendido nada y parece no estar obteniendo beneficio de la experiencia.

 

En el discurso, el gobierno reitera que las cosas seguirán igual. La supuesta estrategia ante el crimen organizado no cambiará, a pesar de que los indicadores de la violencia en el país aumentan dramáticamente cada día. De hecho, 2019 pinta para ser el año más violento en la historia, desde que se tiene registró.

 

A pesar de que desde el inicio de esta administración el presidente afirmó que la nueva estrategia gubernamental no incluía la persecución de los grandes líderes de cárteles en el país, la semana pasada se decidió ir tras Ovidio Guzmán. ¿Por qué el cambio? Porque lo que no ha cambiado en México es la lógica de una estrategia de combate al narcotráfico dictada por Estados Unidos desde hace décadas. A pesar de que se niegue, el fallido operativo evidenció que la actuación sin preparación y la prisa por detener a Ovidio Guzmán obedecieron a una “solicitud” de Estados Unidos.

 

Como ocurre siempre, cuando las cosas fallan siempre hay varios culpables, pero cuando las cosas salen bien sólo hay un responsable. Por eso también es poco creíble la versión de que el presidente no sabía del operativo en Culiacán. ¿Tampoco habría sabido si el resultado del operativo hubiera sido exitoso?

 

El gobierno federal se mantiene en su lógica de dar a conocer, manipular, ocultar o desviar temas a partir de una conferencia de prensa diaria por las mañanas. Parece no entender que la realidad va más allá de preguntas acomodadas hechas por supuestos reporteros-payasos.

 

Por otra parte, lo que el país aprendió de su gobierno actual es que su posición frente a los Estados Unidos es débil y temerosa. El gobierno mexicano le teme a un enfrentamiento con Donald Trump, y le concede con prontitud todas sus “solicitudes”. Trump ya toma a burla el apoyo brindado por México para detener la migración ilegal hacia su país, y asegura que está usando a México para lograr sus fines en ese rubro. A eso, el gobierno de López Obrador le llama defensa de la soberanía del país.

 

Pero los mexicanos también aprendimos que el gobierno de López Obrador miente con facilidad. De hecho, ya se sabía, pero lo sucedido en Culiacán reforzó la vena mentirosa del gobierno, que ha dado varias explicaciones, contradictorias algunas, de lo sucedido la semana pasada.

 

Al gobierno ya sólo le quedan cinco años (termina el 31 de octubre de 2024) y hasta ahora lo que se ha visto son sólo pasos para atrás en temas como la economía y la seguridad pública.

 

La paciencia social empezará a menguar, y para ese momento el gobierno buscará sacarse un as de la manga que levante el ánimo y la esperanza de un cambio de rumbo. Esa es otra lección de lo sucedido en Culiacán: tenemos un gobierno que gusta de las cortinas de humo, y las usa sin pudor alguno. Al parecer, al final del sexenio los mexicanos seremos expertos en detectarlas.

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