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Conferencia tras banderas. AMLO entre la legitimidad de origen, la revocación del mandato y el neocorporativismo. Por Pepe Rocello Destacado

19 Nov 2019
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“Juntos haremos historia”, lema de campaña que resultó muy bueno para el momento que se diseñó, pero que, a la luz de los resultados, hoy en día es un compromiso, ya que se puede escribir cosas positivas para el vulgo o para los ilustrados y conocedores o para la comentocracia, pero también se pueden escribir hazañas que pasan a la historia como grandes logros y quedan en los anales para su añoranza y ejemplo, o se pueden escribir páginas de horror para el olvido y para defenestrar a sus principales actores.

En la historia reciente en nuestro país, la transición política hacia un régimen de normalidad democrática nos deja enseñanzas en relación a los cambios políticos, en donde la legitimidad en el ejercicio del gobierno no necesariamente surgía por el proceso electoral, que, por su naturaleza competitiva, solamente uno gana y el resto de los participantes pierden y quedan normalmente muy resentidos y no en pocos casos termina en un sainete que le resta legitimidad al resultado.

En el sistema político administrativo de nuestro país, en ausencia de gobiernos de coalición, se tiene un tiempo de transición muy largo que dura cinco meses conocido como interregno, en donde cohabitan el presidente y su gabinete en funciones y el presidente electo y un equipo espejo de transición, en donde el presidente en funciones administra y ejerce las funciones constitucionales de su encargo, pero con el aval del electo y que le daba un margen de maniobra para sentar las bases de la transición administrativa y principalmente la política para lograr los acuerdos o cerrar los desacuerdos con la opción y con los principales grupos de interés formales y reales, y se conocía como el proceso de legitimación en los hechos, es decir en este caso el ganador no se lleva todas.

La legitimidad del proceso electoral que llevó al gobierno a AMLO, no tiene duda, aunque los números no le dan como para aspirar a transformaciones no pactadas o acordadas, si bien es cierto que el ahora Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas en México gana la elección de 2018 sin ninguna duda, con el 52.9 % de votos de un padrón de cerca de 90 millones de electores, en donde participaron solamente el  63%  de los posibles electores, es decir, si por López votaron 24,127,451 (PREP 2018) representa solamente el 27% del padrón total, lo que le da legitimidad sí, pero no gran representatividad, coma para aspirar a gobernar sin controles o contrapesos.

Es decir, a diferencia de las admiraciones anteriores, que se legitimaron parcialmente en el ejercicio del poder, la “cuatrote” se está deslegitimando en el ejercicio del poder, al confiar en su diagnóstico y en no rectificar y entender que los mítines ocasionales con sus seguidores y simpatizantes no es gobernar, es continuar en campaña, en donde el presidente se sigue sintiendo muy cómodo.

 Su realidad política no le alcanza para hacer lo que se le da la gana, y lo demuestra el impacto tan negativo en la sociedad en general que han tenido algunas decisiones que se han tomado en los hechos, pero en contra sentido de lo que la mayoría piensa, por ejemplo el proceso de desmontaje de los órganos constitucionales autónomos, que al margen pienso que no son tan importantes, pero que nos costaron mucho trabajo y dinero construir y se enmarcan en un escenario de desconfianza de nuestras autoridades, las obras de infraestructura propuestas por el presidente que no representan lo que la mayoría quiere para nuestro país, que son muy aldeanas y casi en consenso innecesarias. 

La refinería de Dos Bocas, el tren maya y el aeropuerto de Santa Lucia, que, al no permitir inversión privada, se tiene, por decisión del presidente, qué hacer con recursos públicos y hacer solamente para lo que alcanza, infraestructura muy muy aldeana, es decir el aeropuerto de San Lucia estaría muy bien para Tabasco, pero no para la Ciudad Capital de México, igual el tren maya que estaría bien para el Parque de Chapultepec o Aragón, y dos bocas en contra de la tendencia mundial de las energías limpias.

Las prisas con la que felicitó a Evo y la misma velocidad para asilarlo, esperemos que si existe pedimento del Gobierno legítimo de Bolivia para su extradición para enfrentar la justicia en su tierra seamos igual de expeditos.

Sin dejar las historias de horror que se han escrito en materia de inseguridad y la claudicación, por incapacidad, omisión o decisión consciente o inconsciente de la presente administración que sin duda están en historia de la presente administración y quedarán como páginas negras junto con muchas escritas en administraciones presidenciales pasadas.

Todo ello tiene al Comandante Supremo de la Cuarta T al borde de la revocación del mandato, en donde no pocos sondeos de opinión lo colocan en una tabla de flotación muy estrecha, solamente a ocho décimas de estar en números rojos, y con expectativas muy negativas en el corto plazo en materia económica y en seguridad, que no le darían tiempo de conformar el ejército neo corporativo que lo sostenga en el gobierno, entre adultos mayores, jóvenes Ninis construyendo y escribiendo el futuro o los que sustituyen la labor del ejercito de sembradores de árboles, junto con los siervos de la nación y las tandas para el bienestar que reedita la “changarrización “de Fox, en don la suerte decide quiénes sí y quién no accede a un subsidio.

Suerte necesita el presidente para poder sortear esta coyuntura que tiene visos de tragedia para la “cutrote”, si el presidente no entiende que conservadores, fifís y campesinos nailon son parte de la solución y no del problema, veremos hacer historia a la cuarta siendo el primer presidente que sea revocado por mandato popular y esperemos que respete el fallo que hoy ya le pinta adverso. En ese escenario catastrófico, solo faltaría saber quién lo pueda asilar, cayendo Maduro, le queda Cuba, Corea del Norte o Rusia.  

El pueblo pone y el pueblo puede quitar, el tiempo corre. Tic Tac… 

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