La falta de resultados atasca el avance de la T de cuarta. Los ánimos, la falta de capacidad del gabinete y el mal humor del Comandante supremo de la actual administración, los llevan del bullying cotidiano en las mañaneras a la ofensa y a la confrontación, hasta este momento verbal, pero pasando a acciones directas de represión activa utilizando, ya no solo el presupuesto para castigar la oposición y alimentar a sus incondicionales de su cuarta, a acciones de utilización no solo a los Siervos de la Cuarta, también aparatos del Estado como NOTIMEX en contra de la disidencia sociales o periodística que se ha documentado en las últimas semanas con mayor intensidad y a todo aquel que atente o se oponga a la actual administración.
La pandemia y la cuarentena han orillado a torpedear a la Secretaría de Salud y obliga a López Gattel a administrar los datos de la enfermedad y por supuesto a ser objeto de reprimendas internacionales principalmente de la OMS por sus declaraciones a todas luces confusas.
No es la primera vez que un desastre, en anteriores ocasiones de origen natural, actualmente de salud, consume a una administración y que ha puesto en el paredón a las autoridades, que en la mayoría de las anteriores administraciones hubieran existido una cascada de cambios en las altas esferas por la falta de buenos resultados.
Hasta la fecha el caparazón de AMLO los ha protegido, pero con la caída del apoyo del pueblo hacia López Obrador se le ha venido adelgazando, comienza a estrecharse el margen del primer respondiente, por lo que el primera mandatario va a tener que decantar las responsabilidades y empezar a exigir resultados o a empezar a aceptar renuncias que se están acumulando en el escritorio de su casa en Palacio Nacional.
Esta falta de resultados los empuja a tratar de utilizar más distractores y recurrir a los villanos del pasado, como Rápido y Furioso, para detener la caída sistemática de las simpatías, pero son muy efímeras, el pueblo se empieza a dar cuenta que la supuesta trasformación es una regresión y que los datos que esperamos de transparencia y desarrollo no llegan y que el manejo de la situación de emergencia lejos de mejorar empeora.
Algo que me sorprendió y debería de sorprender al pueblo bueno y sabio es la declaración de AMLO, sobre su actualización patrimonial después de dos años de gobierno, en donde señala que no tiene bienes ni cuentas que declarar, me sorprende porque tendría que declarar la cuenta de nómina en donde le pagan los casi 120 mil pesos que gana al mes o acaso le pagan en efectivo.
Decirle al pueblo bueno que ha hecho con los casi dos millones de pesos que ha ganado en el puesto de Presidente y de lo que ganó como Jefe de Gobierno Capitalino que seguramente alcanzó los cinco millones de pesos.
Es decir, que en diez años como servidor público, el ahora Presidente tiene que reportar cerca de siete millones de pesos como ingresos, más lo que le pagaron por medio de Honestidad Valiente, que nos dijo que alcanzaba los cincuenta mil pesos mensuales y lo que de regalías tiene por sus libros, por lo menos de lo que se sabe de sus fuentes de ingreso formales.
Es decir, que se gasta o dona todo lo que gana, no lo creo, otra alternativa es que todo lo tenga bajo el colchón, colchón que debe de estar muy “chipotudo” porque ya se está llenando y no debe de poder descansar bien.
Nos lo tiene que aclarar, eso sin hacer referencia a sus cercanos, es decir esposa e hijos, que también se lo exige la Ley General de Responsabilidades Administrativas, y hacerlo público, la famosa tres de tres.
La falta de trasparencia empieza a ser una cojera de la actual administración, y eso que yo estoy convencido que estos trámites son un exceso, es decir que el salario que devenga el funcionario público deja de ser recurso público cuando se les asigna como salario y que, a partir de ello, el titular puede hacer con el dinero que devenga lo que bien le venga en gana, gastarlo, donarlo o guardarlo en el colchón, pero mientras esté en la Ley mencionada tiene que ponerlo en papel y darlo a conocer, para qué especular.
Por otro lado, lo que dicen sobre el Índice de bienestar que señalan para poder compensar el desastre que ya es el PIB en el actual sexenio, que difícilmente podrá llegar a ser positivo, no solo por los efectos de la pandemia, principalmente por las políticas de la Cuarta, se pretende utilizar un índice paralelo, lo que no entienden los funcionarios de la actual administración, que este indicador ya existe y se utiliza en todo el mundo y se conoce como el Índice de Desarrollo Humano.
Les ahorramos la tarea a los funcionarios de la Secretaría del Bienestar, el PIB no se traduce necesariamente hacia el bienestar de la población, y solo mide el desempeño de la economía con valores agregados, y solo eso a nivel de factores de la producción, gasto de gobierno Inversión, ahorro, balanza comercial y masa salarial, nunca ha tenido por objeto medir el bienestar.
El Incide de Desarrollo Humano es utilizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), acotando un poco, en este indicador México se encuentra en el lugar 74, y en el indicador de desempeño económico o PIB dentó de los primeros 20, hasta antes de la Cuarta.
El primer mandatario que le dio mucho impulso a este indicador fue el ex Presidente Vicente Fox, para mayor información ver el programa de arranque parejo en la vida, sería prudente que le echara un ojo la Secretaria de Trabajo Luisa María Alcalde, le puede servir y a Esteban Moctezuma.
Lo que mide el IDH son los efectos, que pueden ser positivos o negativos sobre el bienestar de la sociedad del desempeño del conjunto de la economía, nada nuevo bajo el sol nublado de la Cuarta Transformación.
