Síguenos en:

Se tenía que decir… ¿Cómo reaccionarán los expresidentes? Por: Santiago Cárdenas. Destacado

02 Oct 2020
266 veces

Una de las pocas cosas ciertas que Andrés Manuel López Obrador ha dicho es que él no engañó a nadie y siempre dijo lo que pretendía hacer. Eso es cierto, y por eso muchos dijeron que era un peligro para México. Algunos lo creyeron, otros no, y otros simplemente no tomaron en cuenta lo que él venía advirtiendo.

 

Cuando Donald Trump ganó la elección que lo convirtió en el 45° presidente de los Estados Unidos, el empresario Carlos Slim dijo que en uno de los libros que el magnate estadounidense ha escrito, “Trump o el arte de vender”, dejó clara su forma de pensar frente a las negociaciones. Él agrede, empuja, busca intimidar para lograr negociaciones a su favor. Quienes leyeron su libro lo saben, y en todo caso también saben qué es lo que hay que hacer para no dejarse intimidar.

 

Escuchar las palabras de mandatarios de corte populista es fundamental para entenderlos, y también para enfrentarlos.

 

Por eso llama la atención el discurso de López Obrador en Veracruz, el fin de semana previo a dos momentos políticos de importancia para su gobierno: la decisión de la SCJN sobre la consulta popular para investigar, y en su caso castigar, posibles actos de corrupción de los expresidentes Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña; y la extinción de 109 fideicomisos que en conjunto representan una bolsa de casi 700 mil millones de pesos.

 

En su discurso, el presidente afirmó: “que se preparen los conservadores, nuestros opositores, porque no vamos a dar tregua. Ni un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso”. Además, añadió: “Y que sepan mis adversarios, los conservadores, que no voy a usar guardaespaldas. Tengo mi conciencia tranquila y el que lucha por la justicia no tiene nada que temer. Voy a seguir recorriendo el país como siempre, sin protección, con la frente en alto, no tengo nada de qué avergonzarme”.

 

¿A qué vienen estas afirmaciones del presidente?

 

Se dan en el contexto en el que López Obrador exhibió las declaraciones e imputaciones de Emilio Lozoya en contra de Enrique Peña Nieto y otros más. En respuesta, apareció un video que causó más daño a la administración lopezobradorista que el que recibieron el expresidente y otros personajes por los dichos de Lozoya. 1-0, favor Peña, dirían los gustosos de los deportes. Pero ese gol dolió en el alma a López Obrador.

 

Una columna publicada en El Universal da cuenta de que el expresidente Carlos Salinas de Gortari habría mandado mensajes a López Obrador haciéndole saber que no se quedará con los brazos cruzados en caso de que los ataques a los exmandatarios continúen. Ahí se entendería la declaración presidencial de que no habrá tregua a sus adversarios.

 

Y es cierto, ante la decisión tomada por la SCJN de dar luz verde a una consulta popular para investigar a los expresidentes, habrá que esperar la reacción de los propios exmandatarios, que también tienen canicas para jugar.

 

López Obrador puso de rodillas a la Corte presionando para que la consulta popular que impulsa sea declarada constitucional. El presidente no dejó de presionar a los ministros, y todavía el día de la discusión del tema en la Corte el presidente López Obrador les envió un mensaje.

 

Esta presión del Ejecutivo a la Corte, además, fue exhibida por la ministra Norma Lucía Piña: “mi obligación es no ceder a más presiones que las que corresponden a mi mandato de control constitucional en tanto ministra de la Suprema Corte”.

 

El presidente está optando por desatar una guerra en la que no se sabe qué tan bien o mal saldrá. Nadie puede pensar que los expresidentes permanezcan inmóviles mientras López Obrador les crea un mal ambiente público.

 

La consulta popular planeada por López Obrador no tiene como objetivo meter a la cárcel a ningún exmandatario. El presidente la quiere usar para alimentar un elemento que le permita mantener su popularidad y aceptación popular, que a la vez derive en ganar nuevamente la mayoría en la Cámara de Diputados el año próximo.

 

López Obrador empieza a jugar con fuego. Él sabrá hasta dónde.

 

Valora este artículo
(0 votos)