Los resultados de las elecciones locales realizadas en Coahuila e Hidalgo el pasado fin de semana dejan mucho material para el análisis y la reflexión. Las lecciones para aprender sobre lo que lo que pasó en esas dos entidades, y sobre el trabajo que tendrán que hacer los partidos políticos rumbo a la elección intermedia del año próximo son bastantes. Aquí mencionaremos las que consideramos las más importantes.
Morena no es invencible. Muchas voces daban por hecho que el arrollador resultado de la elección de 2018 a favor de Andrés Manuel López Obrador mantendría su efecto hasta estos días. En realidad, los resultados en Coahuila e Hidalgo son completamente ajenos a lo que pasó en 2018 por la razón de que en esta ocasión López Obrador no figuró en la boleta. Morena es un partido político integrado por personas con visiones y objetivos muy diferentes. No es un partido cohesionado, y el arrastre que mostró en 2018 se debe a un fuerte liderazgo de López Obrador. Una vez que él soltó al partido los liderazgos internos empezaron a pelear entre sí y se desató una lucha desgastante por el control partidista, que se reflejó en una falta de conexión con el electorado de Coahuila e Hidalgo.
La fuerza del PRI está en lo local. Si bien hoy es la tercera fuerza política nacional, y con anterioridad ya había ocupado esa posición cuando Roberto Madrazo quedó en un muy lejano tercer sitio en la elección de 2006, el PRI tiene experiencia electoral que se refleja muy bien en lo local. Si el Revolucionario Institucional logra cohesionarse en los estados, sobre todo en aquellos donde aún compite con fuerza, podría obtener interesantes resultados en algunas de las 15 gubernaturas, 30 congresos locales y mil 900 Ayuntamientos y Juntas Municipales que se disputarán el 6 de junio de 2021. El verdadero reto que enfrenta el tricolor es el de obtener mejores resultados en la Cámara de Diputados, donde en 2018 obtuvo sólo 9 escaños por la vía de la mayoría relativa.
El PAN debe revisar su estrategia. El Partido Acción Nacional, aliado con el PRD, sólo ganó 6 de los 84 municipios en Hidalgo. En Coahuila, el PAN no ganó nada, porque todo lo ganó el PRI. Lo malo para Acción Nacional es que en ambos estados Morena se ubicó como segunda fuerza electoral, y mandó al partido blanquiazul a la tercera posición. El PAN necesita revisar su estrategia electoral porque no se puede dar el lujo de perder alcaldías o diputaciones locales en un momento en que el partido en el poder, Morena, busca retener mayorías para terminar de consolidar su proyecto en 2021.
A López Obrador le urge estar en la boleta. Una cosa es Morena con López Obrador en la boleta, y otra es no tener un candidato fuerte que lidere aspiraciones electorales. Por ello, al presidente López Obrador le urge que la revocación de mandato del año próximo se realice también el 6 de junio y coincida en fecha con la elección intermedia. El presidente sabe que, de otra forma, a su partido le costará más trabajo conservar la mayoría en la Cámara de Diputados. El efecto López Obrador también ha tenido desgaste, aunque los datos indican que la popularidad y aceptación popular para López Obrador se mantienen en buenos niveles.
A seis años de haberse configurado como partido político, Morena arrasó en las elecciones federales de 2018 y actualmente gobierna en seis entidades. Además, tiene mayoría en ambas Cámaras del Congreso de la Unión. Ante ese escenario, y de cara a los comicios de 2021, que serán los más grandes en la historia, los resultados en Coahuila e Hidalgo no pueden significar una derrota, aunque sí una alerta para el partido en el poder. Apenas a unas horas de concluida la jornada electoral, el aspirante a la dirigencia de Morena, Porfirio Muñoz Ledo, sugirió que sí había un “serio revés”.
Lo que es indudable es que los conflictos en Morena han provocado que el partido se distraiga y que no tenga una estructura sólida local. Morena no ha tenido una vida tan eficiente y articulada como lo tuvo a nivel nacional. Su estructura no está tan consolidada a nivel estatal, y el problema del partido está en las estructuras estatales. Ahí es donde deberían poner atención. El partido del presidente tiene que poner atención en esos temas, o de lo contrario sí podría tener problemas en 2021.
Morena está metido en un proceso muy descuidado de la dirigencia, y eso lo ha mantenido distraído de procesos electorales, pero no se puede suponer que la fuerza del partido en el 2021 será como en estos recientes comicios.
Sin embargo, si algún líder de oposición federal piensa que estos resultados se van a replicar en el 2021, y que se trata de un claro descalabro de Morena y una desaprobación a López Obrador en la Presidencia, está equivocado. Lo que sí llama la atención es cómo el partido con más recursos y con el apoyo de la imagen presidencial no pudo obtener más votos. En ese sentido, sí se podría entender que se perciba como una derrota.
Lo que reflejan los resultados de estas elecciones es que el voto de Morena está condicionado por la presencia de López Obrador, y a final de cuentas trasladar la popularidad del presidente a votos es más complicado. Para 2021 se debe considerar como un hecho que Morena tendrá menos votos que en 2018. No obstante, esto no significa, hasta ahora, una pérdida de la mayoría en el Congreso ni en las preferencias, donde de acuerdo con varias encuestas, se mantiene arriba.
Las elecciones de Coahuila e Hidalgo, en el análisis, no marcan una tendencia sobre lo que pasará en 2021, pero sí dejan lecciones para los partidos políticos sobre lo que están haciendo mal o lo que están haciendo bien. Ningún partido puede darse por satisfecho si utiliza estos resultados como punto de partida hacia el año próximo. Cada elección es diferente, y sin duda los partidos tienen mucho trabajo por delante si quieren tener buenos resultados en 2021.
