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Se tenía que decir… Una piedra. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

18 Dic 2020
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Uno de los riesgos de que alguien sin la menor experiencia en el servicio público ocupe un cargo de alta responsabilidad, es que cometa graves errores que lleven a la institución en la que se desempeña a la degradación. En la actual administración sobran ejemplos de ello.

 

Pero ejemplos como el anteriormente descrito también se dan fuera del gabinete presidencial, en cargos de alta responsabilidad. Tal es el caso de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que preside (es un decir) Rosario Piedra Ibarra.

 

Piedra Ibarra es hija de Rosario Ibarra de Piedra, y también es integrante del Comité ¡Eureka!, fundado en 1977 por su madre en respuesta a la persecución y detención ilegal de militantes de movimientos políticos, armados y sociales que se oponían al gobierno de México. Es hermana de Jesús Piedra Ibarra, un joven integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre que fue secuestrado y desaparecido por la Dirección Federal de Seguridad.

 

Rosario Piedra Ibarra estudió Psicología en la Universidad Autónoma de Nuevo León y una Maestría en Psicopedagogía por la Escuela de Ciencias de la Educación. En 2018 fue candidata a diputada federal por Morena en Nuevo León, pero no fue elegida. Además, fue secretaria de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Nacional de Morena.

 

Con esos blasones llegó a la Presidencia de la CNDH en noviembre de 2019. El proceso por el que accedió a ese cargo se dio entre protestas por una votación en la que sólo se contabilizaron 114 de los 116 sufragios emitidos en el Senado de la República, además de que organizaciones como Amnistía Internacional calificaron de “grave” su designación por su militancia en el partido en el poder y su cercanía con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Cualquiera sabe que ello afecta severamente la autonomía de la Comisión.

 

En su desempeño como presidenta de la CNDH, Rosario Piedra ha dejado mucho qué desear. La Comisión fue exhibida en septiembre pasado por grupos de feministas que tomaron las instalaciones de la Comisión en el Centro Histórico. Cortes de carne gourmet fueron sacados de los refrigeradores de la CNDH, que terminó negándolo.

 

Rosario Piedra Ibarra enfrenta ahora una denuncia interpuesta por padres y madres de niños con cáncer, por omisiones ante el desabasto de medicamentos oncológicos en el país. Incluso, los padres y madres solicitaron su destitución ante el Senado de la República.

 

Una publicación en el periódico Milenio exhibió además la contratación como Sexto Visitador de la CNDH de Alexander Francisco Brewster Ramírez, un vendedor inmobiliario en Tulum, quien en su red social LinkedIn miente sobre su experiencia laboral al asegurar que fungió como consultor legal de la organización ambientalista Greenpeace, y asistente legal del Centro Mexicano de Derecho Ambiental.

 

Greenpeace y el CEMDA desmintieron que Brewster Ramírez haya realizado funciones legales. En Greenpeace, el flamante Sexto Visitador fue promotor de diálogo directo, es decir, su función consistía en tratar de convencer a la gente en la calle de donar recursos a la organización.

 

Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, apoya sin condiciones a Piedra Ibarra. “Ella tiene toda la confianza de la mayoría legislativa en el Senado de la República. Le hemos otorgado la confianza para que desempeñe de manera honesta, firme, congruente, la defensa de los derechos humanos en México”, declaró Monreal.

 

Brewster Ramírez presentó su renuncia a la Sexta Visitaduría tras el escándalo por la publicación de sus mentiras en su currículum vitae. La CNDH nunca aclaró cuál fue el procedimiento por el que se contrató a Alexander como Sexto Visitador.

 

Como en otros casos, fue la publicación del hecho en medios de comunicación lo que hizo dar marcha atrás en la decisión de colocar a un vendedor de inmuebles en la Sexta Visitaduría de la CNDH.

 

Rosario Piedra no tiene idea de lo que hace en la CNDH. Su papel ahí no es gris, sino incoloro. Su activismo y su cercanía al presidente le atan las manos para desempeñar un buen papel. Rosario Piedra enfrentará denuncias por su pésimo desempeño, y si la justicia prevalece, su permanencia en la CNDH deberá ser corta.

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