La elección del 6 de junio de este año tiene un único objetivo: la oposición quiere arrebatar a Morena y al presidente Andrés Manuel López Obrador la mayoría en la Cámara de Diputados. Por obviedad, el objetivo de Morena es conservar esa mayoría, y ampliarla de ser posible, para garantizar que la segunda mitad del sexenio el presidente pueda navegar, como ha sido hasta ahora, sin tener que recurrir a acuerdos con otros partidos en el Congreso para aprobar las leyes y reformas que a él le importan.
El gobierno de la 4T no ha tenido contrapesos, y el presidente mismo se ha encargado de debilitar al máximo a las instancias que pudieran representar cierto equilibrio. De esa forma, hoy la Suprema Corte, el Tribunal Electoral, la FGR y la CNDH están plegados al Ejecutivo como si viviéramos en 1970.
Las 15 gubernaturas que también estarán en disputa el 6 de junio (8 gobernadas actualmente por el PRI, 4 por el PAN, un independiente, uno por el PRD y uno por Morena) tienen un papel importante, pero de segundo nivel. Hoy, los gobernadores de los estados carecen de protagonismo y fuerza política para enfrentar a López Obrador. Quienes resulten electos, si son de la oposición, tampoco tendrán esa fuerza; pero si son de Morena, aumentarán la hegemonía de un poder y una personalidad únicos representados en la figura de López Obrador.
La pandemia de coronavirus y el pésimo manejo que el gobierno ha tenido para combatirla representan una inmejorable oportunidad para los partidos de oposición para recuperar espacios de poder y negociación. A nivel local se observa la construcción de frentes electorales locales que intentarán detener el proyecto de la 4T. En ellos participan empresarios y algunas organizaciones de la sociedad civil.
La oposición sabe que obtener buenos resultados en la elección del 6 de junio podría alimentar sus esperanzas rumbo a 2024.
Desde la trinchera oficial, lo que se observa en este momento es el desesperado afán de muchos morenistas por alcanzar un hueso. Ellos saben que en este momento todavía cuentan con el bono de López Obrador que les podría ayudar a obtener un triunfo relativamente fácil. Pero también saben que ese bono disminuirá a medida que pase el tiempo y nadie garantiza que en 2024 seguirá vigente.
Veamos algunos ejemplos: en Guerrero, Pablo Amílcar Sandoval, hermano de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, llevó a cabo una desaforada campaña para obtener la candidatura a la gubernatura. Pagó espectaculares, publicó desplegados, realizó multitudinarios mítines, y a pesar de todo ello perdió la elección interna frente al impresentable Félix Salgado Macedonio.
¿Cómo pudo ganar el exalcalde de Acapulco que goza de pésima reputación y que incluso enfrenta acusaciones de abuso sexual? Fácil: tiene más experiencia electoral que Amílcar Sandoval, quien por su parte también carga con una fama que no corresponde con la honestidad. Sandoval quedó muy molesto, y en su rabieta no se ha tentado el corazón para resaltar el expediente que pesa sobre Salgado Macedonio, quien en mayo de 2016 habría abusado sexualmente de una joven en Acapulco.
Un segundo caso es el de Antonio Attolini, un desubicado joven que ha buscado afanosamente atraer los reflectores. Fue integrante del movimiento #Yosoy132 que nació después de la desafortunada visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana en 2012. En la 4T, Attolini fue acogido por Zoé Robledo en el IMSS, en donde nunca se supo qué hizo. Intentó ser secretario general de Morena, pero ni siquiera estuvo entre los primeros lugares en la encuesta que se llevó a cabo para ello.
Attolini ahora anunció que quiere ser diputado federal. Sería el relevo natural de Gerardo Fernández Noroña. Salvo escándalos y desbarres, nada se conoce del “jovencito de barba y mirada perdida”, como le llamó Ricardo Salinas Pliego. Ninguna experiencia política, salvo lamer las botas de López Obrador, se encuentra en el currículum de Attolini. Pero el hueso es el hueso, y esta parece ser su última oportunidad de agarrar uno.
Como Salgado Macedonio y Attolini, cientos de morenistas persiguen el hueso.
Los morenistas hoy recuerdan la máxima de que “es un error vivir fuera del presupuesto”, y buscan con todas sus fuerzas alcanzar un hueso. Por lo visto, quieren aprovechar el impulso que aún les puede dar la figura de López Obrador. Ya veremos.
