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Orbi 21. El común denominador. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

10 May 2021
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América Latina ha vivido históricamente dentro de un círculo vicioso de corrupción, gobiernos injustos, dictaduras militares, desigualdad profunda, pobreza, etc.  Durante la semana pasada, Colombia y México nos volvieron a recordar, con episodios dolorosos a causa de injusticias sociales, ese círculo vicioso que a nuestros ojos ya es el pan de cada día. Del otro lado del mundo, también hay países que viven de manera similar y que han sido invisibilizados por la comunidad internacional, como es Palestina.

 

El accidente en la línea 12 del Metro, que dejó 26 fallecidos en la Ciudad de México; las protestas en Colombia, que hasta el momento han dejado más de 40 muertos, más de 900 detenciones arbitrarias y 12 casos de violencia sexual; aproximadamente 37 menores de edad heridos en las evacuaciones ilegales por parte de Israel en el barrio Palestino de Sheikh Jarrah, y las más de 200 personas que están siendo violentadas por autoridades israelíes, así como el asedio y bombardeos que se presenciaron en la Mezquita de Al-Raqsa en Jerusalén, cuando musulmanes palestinos se encontraban rezando por el fin de su festividad de Ramadán, tienen varios denominadores en común que caracterizan a la región latinoamericana y al Medio Oriente.

 

El modelo históricamente colonial de despojo sobre quien tiene el derecho a habitar la ciudad es el común denominador en estas regiones, que se han visto afectadas a causa de factores tanto endógenos como exógenos que terminan perpetuando aquel sistema de planificación que se basa en la opresión, despojo y desigualdad. También convergen en la invisibilidad de las problemáticas, o mejor dicho, en la normalización de la represión.

 

Sin embargo, las resistencias a estos sistemas violentos que en ambas regiones se han creado son dignas de mencionar: los jóvenes en bicicleta que salieron a manifestarse como acto de solidaridad  en el tramo donde cayeron los vagones del Metro de la Ciudad de México, entre Tezonco y Olivos en la alcaldía de Tláhuac; los jóvenes colombianos que a pesar de la represión policiaca continúan tomando las calles de Bogotá y Cali, así como las familias y jóvenes activistas de Palestina que se enfrentan al régimen israelí, exigen con altos costes, justicia y tratos dignos que a ellos y a sus sociedades se les han arrebatado sistemáticamente.

 

La resiliencia es también una característica compartida entre nuestras regiones, porque hemos aprendido a continuar a pesar de la adversidad y de las interminables injusticias sociales. Como regiones que han servido para satisfacer distintos intereses de los países imperialistas, colonizadores y capitalistas, nos hemos visto obligados a vivir en la inconformidad, siempre buscando y exigiendo mejoras que se prometen sólo en tiempos electorales o en foros internacionales, pero que nunca llegan a concretarse, siempre atravesados por intervenciones militares, políticas e ideológicas. Nos hemos acostumbrado a que se gobierne para la muerte y peor aún, que se tolere. Nos hemos acomodado a que paguen justos por pecadores o a aceptar que los intereses económicos y políticos de unos cuantos, sean los que importen sobre las vidas humanas de 26 personas, de 40 o de 200. Preservar el status quo, resulta primordial antes que terminar con las prácticas de limpieza étnica o de un sistema de apartheid en Palestina, antes que cortar de raíz la corrupción de la élite gobernante en México y de proteger a los más desfavorecidos de los malos efectos del manejo macroeconómico en Colombia, creado para proteger a los poderosos económicamente.

 

Ahora queda claro el por qué es necesario levantar la voz ante algunas de las atrocidades que se viven en el mundo, como las esbozadas anteriormente, pues quien mantiene la neutralidad ante injusticias para no fijar su posición, en realidad ya la ha fijado. 

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