Los resultados de la elección del 6 de junio permiten festejar a todos los partidos y candidatos con reales posibilidades de ganar. Bueno, casi a todos.
Cada quien interpreta los resultados a su conveniencia, y de esa forma, por ejemplo, Morena festeja una gran victoria mientras sus opositores hablan de que se pudo contener al partido en el gobierno y se le arrebató la mayoría calificada de la que gozaba en la Cámara de Diputados.
El Partido Acción Nacional, que hoy se ubica como la cabeza de la oposición, también se asume como el ganador de la elección, mientras que las huestes morenistas se aferran a un discurso en el que plantean una derrota opositora.
Los que de plano sí perdieron fueron los partidos Redes Sociales Progresistas, Fuerza México y Encuentro Solidario. No alcanzaron el 3% requerido para mantener el registro, y por lo tanto desaparecen como partidos políticos. Los que se salvaron en esta ocasión de perder el registro fueron el PT y el PRD.
¿Y quién ganó? Pues también depende de cada quien. Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, los resultados le permiten estar feliz, feliz, feliz, pues permitirán, en sus palabras, continuar con la transformación que encabeza su gobierno.
Morena ve una victoria donde todo mundo ve una derrota. En la Cámara de Diputados perdió entre 50 y 60 diputados y la mayoría calificada que le permitía aprobar, sin quitar una sola coma, cualquier iniciativa enviada al Legislativo por el presidente López Obrador que requiera una modificación constitucional.
Para el partido del presidente, de la Ciudad de México mejor ni hablar. A partir de ahora, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, deberá gobernar con una oposición que obtuvo triunfos en 9 de 16 alcaldías. Con ello, territorialmente Morena perdió más de la mitad de la CDMX. Ahí, sin duda, Morena perdió la elección.
A pesar de que el PRI tendrá más diputados federales a partir de la próxima Legislatura, en realidad el tricolor parece ser uno de los grandes perdedores de la elección. No ganó una sola gubernatura, y perdió cuatro de las que gobernaba. Ahora, el PRI sólo es gobierno en cuatro entidades del país: Oaxaca, Coahuila, Hidalgo y Estado de México. El PRI, de hecho, empieza a sufrir la parálisis de distintos órganos del cuerpo y ya camina como zombie.
Los candidatos priístas se quedaron en el camino y no pudieron levantar sus campañas. Quizás el que estuvo más cerca de ganar fue el campechano Christian Bello, sobrino del presidente del PRI, Alejandro Moreno, y que por lo mismo gozó de todo el respaldo tricolor. Aún así, perdió.
