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Se tenía que decir… El país sin esperanza. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

06 Jul 2021
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La muy especial forma de gobernar de Andrés Manuel López Obrador ha llevado al país, en los primeros tres años del sexenio, a acabar con la esperanza de un país mejor. Las mentiras, la falta de visión, la rancia grilla con la que se desenvuelve, la incapacidad para gobernar y su campaña permanente, tienen al país, a la mitad de la administración, sin pies ni cabeza.

 

A pesar de que el discurso oficial pregona e insiste que vamos bien y que el país está en calma y en paz, la realidad simplemente muestra un país muy distinto del que describen en Palacio Nacional.

 

Si es preocupante la distancia que el mandatario tiene con la realidad, lo es aún más su cada vez mayor cercanía con prácticas autoritarias y antidemocráticas. Sus cotidianos ataques desde Palacio Nacional a la prensa, a sus adversarios políticos, a los empresarios, y a todos aquellos que no comulgan con sus ideas y su forma de gobernar han sido condenados por organizaciones internacionales vinculadas con la defensa de los derechos humanos, de la libertad de expresión y de los valores democráticos. Sin embargo, nada de ello preocupa al presidente, que por el contrario descalifica a estas organizaciones y las desacredita sin pruebas.

 

En días recientes, el presidente inauguró una sección en sus conferencias mañaneras con el objetivo, dijo, de aclarar las informaciones periodísticas que no corresponden con la verdad. De esta manera, López Obrador y sus colaboradores del área de comunicación se asumen como tribunal de la verdad que califica el trabajo de los periodistas. Desde ahí, el dedo flamígero señala a quienes no publican lo que a él le gusta, a quienes publican lo que a él le disgusta, y a quienes no se entregan a la fe ciega que él exige.

 

Desde su púlpito, el presidente decide quién se “porta bien” y quién no, asumiendo que sólo él puede hacer esa calificación pues posee una superioridad moral que nadie puede cuestionar. Por eso insiste que a las mafias les cuesta trabajo coaccionarles porque él y quienes integran su gobierno “no tienen precio”.

 

Las recientes elecciones nos mostraron con sus resultados que el apoyo al partido del presidente no es el mismo que en 2018. La gran derrota electoral de la Ciudad de México, y la pérdida de un gran número de diputaciones federales, prendieron los focos de alarma en Palacio Nacional, en donde ya empiezan a preocupar las elecciones de 2024.

 

La esperanza prometida en 2018 se ha perdido. La gran mayoría de los mexicanos ya no la tienen, y ven cada vez más lejos la posibilidad de que López Obrador enderece el rumbo, haga un buen gobierno y pase a la historia como uno de los mejores presidentes. La esperanza de que México dé un paso adelante hacia la modernidad se ha perdido, y hoy vemos que estamos más cerca de 1970 que de un futuro próximo.

 

El retroceso de los primeros tres años no es menor. López Obrador se ha convertido en un cómico que genera memes, en un bufón que provoca risa, en un mentiroso al que nadie cree. No era eso lo que se esperaba de él, pero fue él mismo quien decidió acomodarse en ese papel, del que la historia no lo rescatará.

 

En estos tres años el gobierno no tiene nada qué informar. El discurso oficial juega con las cifras, las manipula para poder presentar “otros datos”. Claro, así cualquiera puede ser el segundo mejor presidente, o ser un ejemplo en el manejo de la pandemia, o romper récord de atracción de inversión extranjera directa. De eso habló López Obrador en su más reciente “informe”.

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