Cuitláhuac García Jiménez, el gobernador de Veracruz, se ha convertido en el hazmerreír nacional. Su intelecto y su capacidad política no dan para más, y es, simplemente, un bufón que tiene un gran talento para provocar risa y pena ajena a la vez.
El gobernador de Veracruz ha destacado, desde que tomó posesión de la gubernatura del estado, no por una buena gestión política sino por ser dicharachero y hablador. De su boca han salido varias tonterías que lo han colocado en la primera fila del ridículo nacional. Van algunas de ellas:
En enero de este año, cuando la cepa británica del coronavirus empezó a avanzar por el mundo, Cuitláhuac García aseguró que en su estado no había por qué preocuparse porque en Veracruz “no tenemos ningún aeropuerto que reciba pasaje de Inglaterra”.
Y la más reciente fue su declaración de que la transformación del país derivada de la reforma energética promovida por el presidente Andrés Manuel López Obrador se aprecia en Veracruz en el hecho de que en las gasolineras ya no se cobra un solo peso por el uso de los baños.
El mandatario veracruzano ya aclaró cuál era el objetivo de la reforma promovida por el presidente López Obrador, y el alcance en los beneficios para la población. Los viajeros ya no deben preocuparse por traer morralla en sus recorridos por las carreteras de Veracruz, pues el uso de los baños en las gasolineras es sin costo alguno.
Y pensar que en mayo de 2018, durante su campaña presidencial, López Obrador aseguró que los veracruzanos serían el hazmerreír de todo México si votaban por Miguel Ángel Yunes. Hoy, los veracruzanos no son el hazmerreír del país, pero sí su gobernador.
Cuitláhuac García nunca fue un político destacado en Veracruz. En su trayectoria siempre fue del montón y nunca figuró. En las movilizaciones partidistas, era convocado para hacer bulla, para liarse a golpes, y jamás brilló por ser creativo en el Partido Mexicano Socialista o en el PRD, los partidos en que militó.
Su padre, Atanasio García, fue diputado local, y ello le permitió tramitar una beca para que su hijo Cuitláhuac, como buen aspiracionista, se fuera a estudiar una maestría a Manchester, Inglaterra.
Su mayor mérito para obtener la candidatura de Morena en 2016 al gobierno de Veracruz, y repetir en ella en 2018, fue agradarle a López Obrador, quien tuvo el poder de decisión para imponerlo como candidato en las dos ocasiones. El presidente sabía, y sabe, que Cuitláhuac es una persona con escaso talento intelectual y con enorme capacidad de zalamería y genuflexión. Esos son los que le gustan al presidente.
El bufón de Veracruz cuenta con el respaldo del presidente, pero al interior de Morena lo ven como el payaso del grupo, se burlan de él, se pitorrean de sus desfiguros, y nadie lo respeta.
En la entidad, los medios de comunicación también se burlan de él y lo comparan con la conductora Andrea Legarreta, quien también ha cometido pifias verbales públicas. En el estado lo apodan el Benemérito de las pifias, por haber comparado en algún momento las adversidades que enfrentó Benito Juárez con el reto que implica el regreso presencial a las escuelas.
La incapacidad para gobernar también es de antología. A Atanasio García, padre del gobernador, quien en el pasado fue un promotor de la toma de casetas en las carreteras del estado, se le atribuye llevar los asuntos neurálgicos del gobierno. El nepotismo, la transparencia, la rendición de cuentas y la nueva moral contra la corrupción sólo son retórica populista en el discurso del gobernador de Veracruz.
Además, desde finales de 2019 y principios de 2020 a los principales hospitales de la entidad se les dejó de suministrar medicamentos específicos contra el cáncer y el VIH. La ridícula justificación no podía faltar: según el titular de la Secretaría de Salud de la entidad, todo se debe al robo de medicamentos de bodegas de la SSA en Xalapa. La versión fue secundada por Cuitláhuac García, quien además acusó de una maquinación intencional a su antecesor panista. Para la administración estatal, la falta de medicamentos obedece a un complot.
Las conferencias de prensa de Cuitláhuac García son de risa. Son un espectáculo de comedia.
Algo deben estar pagando los veracruzanos para tener a ese gobernador. Algo malo debe estar pasando en la entidad para que semejante bufón sea el titular del Ejecutivo estatal.
