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Orbi 21. ¿El inicio de la Primavera Caribeña? Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

19 Jul 2021
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¿Cómo se relacionan las situaciones actuales de Haití y de Cuba con los Estados Unidos de América? No sólo se da la casualidad de que son parte del Caribe y que ambos países atraviesan por coyunturas políticas, económicas y sociales significativas, sino que son escenarios idílicos para cristalizar, una vez más, las grandes y graves consecuencias de la histórica intervención estadounidense en asuntos internacionales. A su vez, retratan los retos que estas situaciones le representan a la fresca administración de Biden y cómo se puede observar, a nivel global, la narrativa racializada del caos para el caso de Haití y de cómo necesita validar la superpotencia en declive su narrativa y/o posición del hegemón en el mundo. 

 

En primera instancia, las manifestaciones que hasta el día de hoy continúan en la isla cubana, son una situación que le ha explotado en las manos al presidente estadounidense. Cabe mencionar que es necesario hablar de los EEUU cuando se retoman las situaciones vigentes cubana y la haitiana, ya que para ambos existen una serie de factores combinados que nos dan como resultado las diferentes crisis que se viven en estos países caribeños. Dicho esto, a Biden se le ha presentado uno de los más grandes retos que todos los presidentes estadounidenses alguna vez han tenido que atravesar (desde 1960 con el embargo interpuesto por el presidente Dwight Eisenhower), que es sobre mantener las presiones contra el régimen comunista de los Castro. Si bien para Joe Biden no era un tema prioritario en su agenda, ahora lo es. La exigencia de los sectores más rudos y poderosos dentro del partido Republicano y unos tantos más en los Demócratas, le han puesto el pie sobre el cuello para que tome una posición contundente en cuanto al tema cubano y es una “querella” que el presidente no puede ni debe ignorar si quiere continuar de manera pacífica su gobierno y eventualmente reelegirse, aunque aún sea muy pronto para hablar sobre eso. 

 

El presidente Biden ha mantenido la misma línea de repliegue que se ha manejado desde la presidencia de Barack Obama. Es decir, no pretende ser la “policía del mundo” de nuevo ya que le resulta altamente costoso mantener una guerra tan larga como la de Afganistán -en donde por cierto, sus tropas están por terminar su retirada antes de los previsto- ni ir en contra de la opinión pública que rechaza tajantemente cualquier intervención militar por parte de los EEUU hoy en día. Cuba continúa siendo un tema medular para la política estadounidense, ya que para legitimar su posición como la gran potencia en el mundo y luchar contra el enemigo (comunismo), ha tratado de asfixiar a las autoridades cubanas. En términos ideológicos, esta nueva crisis representa un reto para los Estados Unidos; ya sea  para Make America Great Again (Hacer grande de nuevo a los Estados Unidos de América) o para que simplemente se evidencie más la paulatina decadencia del gran hegemón que fue.

 

Del otro lado, Haití que ha sido catalogado como el más pobre del mundo, le debe su estatus en gran parte a las intervenciones internacionales que ha sufrido a lo largo de su historia en las que destaca la estadounidense. La desestabilización sistemática que ha sufrido se conjuga con factores internos como la corrupción y la sucesión de gobiernos altamente inestables por supuesto, pero la creciente dependencia económica que tiene con los Estados Unidos y el continuo asedio militar que sufrió durante los siglos XIX  y XX, sumergen al país en un ciclo viciosos que no ha permitido ningún beneficio para sus ciudadanos.

 

Actualmente, el reciente magnicidio del presidente Jovenel Moïse, está teniendo efectos colaterales para la política estadounidense ya que la oleada de migrantes haitianos se ha hecho más grande, con cifras no antes vistas. Las autoridades de la frontera sur en México, por donde están arribando los migrantes haitianos, reportan 2,000 solicitudes de asilo diarias desde días después del asesinato del presidente, que tienen la intención de dirigirse a los EEUU, cuando normalmente llegaban entre 200 o 300 personas. Sin duda, esta oleada migratoria representa otro gran reto para el gobierno de Biden y Kamala Harris, ya que la migración es uno de los puntos débiles que acarrean y en donde sus adversarios más les han asestado golpes en los últimos meses. Mientras que Cuba representa un tema de poderío, Haití representa un reto para la agenda doméstica de Biden.

 

Además, es importante recalcar las diferentes narrativas con las que se abordan ambos casos. Específicamente el caos en Haití es altamente racializado. Invalida la autonomía de los propios haitianos por decidir sobre su manejo político y social. Se les increpa continuamente con discursos sobre su “caos endémico” siendo esta la razón por la que no pueden avanzar en lugar de abordar su situación desde una perspectiva más integral como las intervenciones antes mencionadas y la existente corrupción.

 

Como comentario final, es importante no desenfocar ninguna de las dos situaciones en el Caribe. Estemos al pendiente si en Cuba podremos estar presenciando algo similar a lo que se vivió en el 2011 con las revueltas árabes o como mejor se le conoce, la mal llamada “Primavera Árabe” en las que, a manera de efecto dominó y gracias a las continuas manifestaciones exigiendo oportunidades y libertades, los jóvenes de varios países árabes lograron derrocar a sus regímenes autoritarios.  

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