Una vez realizada la consulta popular promovida desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, los resultados no arrojan ninguna sorpresa: hubo muy poca participación ciudadana y ganó el “Sí”, y con ello, surgen muchas más dudas sobre lo que pasará como consecuencia de este intento de plebiscito.
Quienes acudieron a las urnas votaron mayoritariamente por el Sí (97.72%), lo que significa que están de acuerdo “en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas”. Lo que eso signifique, recibió la gran mayoría de los votos.
La consulta popular fue planteada como la posibilidad de que la sociedad decidiera si se emprendían o no acciones legales para juzgar a los expresidentes de la República, de Carlos Salinas a Enrique Peña Nieto. El presidente López Obrador, que siempre se manifestó en contra de que ello sucediera, envió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación una pregunta mucho más directa, que fue modificada por los ministros por considerarla inconstitucional. De esta forma, la pregunta a la que respondieron 6 millones 663 mil 208 ciudadanos fue poco clara sobre lo que significaría su aprobación.
La escasa participación ciudadana, a pesar de haberse inclinado abrumadoramente por el “Sí”, no permite que el resultado sea vinculante. Es decir, ninguna autoridad está obligada a acatar lo que se votó. En síntesis, fue una consulta popular cuyos resultados no son vinculantes; y a la que el promovente, el presidente de la República, no acudió a votar, y de haberlo hecho, según dijo él mismo, habría votado por el “No”. Totalmente esquizofrénico el asunto.
La consulta popular, evidentemente, no sirve para aquello para lo que originalmente fue planteada: para llevar a juicio a los expresidentes de la República. Entonces, ¿para qué sirve?
Los resultados obtenidos en la consulta popular le servirán al presidente López Obrador y su partido para conocer cuál es la realidad sobre el apoyo electoral de los mexicanos a su gobierno. Permite cuantificar el voto duro de Morena en todo el país, a nivel de sección electoral.
Morena tiene hoy, gracias a la consulta popular, datos duros que le permiten conocer su base electoral en todo el país. Es decir, sabe cuál es el mínimo de votos que recibiría en una elección en cada sección electoral del país.
A Morena le bastaría un sencillo cruce de información para saber en dónde ganaría sin mayor esfuerzo, y en dónde tiene que enfocar sus baterías de propaganda para fortalecer su presencia y mejorar sus resultados. Esta información es oro molido para cualquier partido político, y no le representó un solo peso de las prerrogativas partidistas. Los mexicanos pagamos un censo electoral para Morena.
¿Fue un éxito para Morena? Por supuesto que sí.
Sin embargo, Morena debe tomar en cuenta que una base electoral de alrededor de 7 millones de ciudadanos no le garantiza un triunfo en una próxima elección. Morena está obligado a aumentar esa base, o a lograr que al menos el doble de personas vote por su candidato en 2024, para repetir un triunfo en la próxima elección presidencial.
Y algo más preocupante: está forzado a lograr rápidamente ese convencimiento, pues se prevé que en 2022 se lleve a cabo la consulta para la revocación de mandato, en la que la oposición y todos aquellos que no comulgan con López Obrador saldrían gustosos a votar por la salida del presidente.
La consulta popular le dio herramientas a Morena para organizar su estrategia electoral hacia el futuro. Pero también le dio información valiosa a la oposición para preparar la suya, con la intención de que el gobierno de López Obrador sea el más corto desde 1934.
