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Orbi 21. Afganistán, la bomba de tiempo que aún no estalla. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

23 Ago 2021
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La actual crisis humanitaria en Afganistán es consecuencia de muchas acciones fallidas. El rápido avance del grupo islamista Talibán para ganar el control cuasi total del país que presenciamos durante las semanas pasadas, se afianzó con la toma de la capital, Kabul, seguido de la salida del presidente Ashraf Ghani. Aunado a lo anterior, el gobierno de los Estados Unidos de América, bajo la presente administración del presidente Joe Biden, tomó la decisión de adelantar la fecha de retirada de las tropas militares del país tras 20 años de invasión. Como ocurre en la mayoría de los conflictos y situaciones alrededor del mundo, es difícil analizarlas sólo desde un nivel local, y menos aún un caso como el afgano, que ha estado plagado de intervenciones extranjeras, extremismo islámico y gobiernos incapaces. 

         Empecemos por la retirada de EEUU. Las fallas de la inteligencia estadounidense han tenido graves consecuencias. A pesar de no tener información suficientemente confiable ni precisa que tuviera como uno de los posibles escenarios el rápido avance de los Talibán, el control total de este grupo era sólo una bomba de tiempo que le explotó al presidente Biden, y las consecuencias que tendrá que asumir son, sin duda, un golpe duro para su gobierno. Los presidentes que le precedieron lograron alargar el tiempo de retirada y contener un poco lo que sabían podía resultar en este conflicto. Sin embargo, a Biden no le quedaba más opción que terminar con lo que Barack Obama había comenzado. Los costes financieros ya eran insostenibles, y menos aún la opinión pública estadounidense sobre la inutilidad de esta intervención. Esta es una más de las fallidas intervenciones estadounidenses en el mundo. ¿Estaremos presenciando el momento histórico de la paulatina caída del imperio estadounidense?

         Por otro lado, se ha manejado que el regreso del grupo Talibán al poder significa un retroceso en cuanto a los derechos humanos, principalmente de los grupos más vulnerables de la sociedad afgana como el de las mujeres y niñas. Las heridas de las mujeres y niñas que sufrieron graves violaciones a sus derechos humanos, que han quedado desde la última vez que los Talibán gobernaron el país (1996-2001) tras el término de la invasión rusa, aún no han cicatrizado del todo. Este es un tema espinoso y se debe tener cuidado con estos factores, ya que desde la prensa occidental se ha manejado que el Fundamentalismo Islámico que pregonan los Talibán, es la consecuencia del inminente retroceso de esta parte de la población en específico, pero paradójicamente, el Islam tiene poco que ver con esto.  Este grupo islamista, con su implementación radical de lo que ellos creen que es el Islam, ha tergiversado históricamente a la religión y ha dado el pretexto perfecto al resto del mundo para continuar con el discurso islamófobo que sirve para justificar la lucha antiterrorista internacional. 

Parece difícil creer en lo que prometen los Talibán, quienes aparentan ser más moderados y racionales que aquél grupo de 1996, pues los ideólogos no saben ni se interesan en la administración pública y han demostrado recientemente contradicciones en lo que han prometido públicamente con lo que han hecho recientemente con las mujeres y los colaboradores afganos de los estadounidenses, al perseguirlos para castigarlos de acuerdo con la Ley Islámica o conocida también como la Sharía (de nuevo, lo que ellos entienden como ley islámica).

El tablero internacional también se ha movilizado, principalmente para ocupar el vacío que EEUU ha dejado y tratar de ganar el control de la situación al mantener apaciguado al grupo Talibán. China y Rusia, así como una de las potencias locales como Irán, se han mantenido cerca del grupo para evitar cualquier posible insurgencia de los grupos islamistas y radicales en suelo afgano contrarios a los Talibán, lo cual podría resultar en enfrentamientos armados entre grupos radicales como  el de la “red Haqqani”.

         La situación no se traduce en estabilidad para Afganistán, pues aún falta mucho por ver sobre cómo se va desarrollando la situación. Lo que por el momento podemos hacer es no desatender la crisis humanitaria por la que miles de afganos atraviesan al querer huir del país por el miedo que les representan los Talibán en el poder. También, amplifiquemos las voces del pueblo afgano para lograr entender su realidad sin imponer nuestras ideas y/o narrativas sesgadas que podemos llegar a tener en cuanto al Islam y los derechos de las mujeres que pueden terminar en negarles su agencia por decidir sobre ellas mismas y su situación.   

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