La tan anunciada renuncia de Olga Sánchez Cordero al cargo de secretaria de Gobernación finalmente llegó. Era cosa de tiempo, y era previsible que la exministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no terminara en esa posición junto con el sexenio.
Olga Sánchez Cordero llegó a la Secretaría de Gobernación con la promesa de dar un giro a la dependencia, centrándose en la migración y los derechos humanos. Muy pronto, el presidente Andrés Manuel López Obrador le cortó las alas y le retiró ambos temas, además de la seguridad. Marcelo Ebrard se hizo cargo, en los hechos, de la migración, y atendió la crisis del tema que se presentó en la frontera sur, mientras que Alejandro Encinas está al frente de la atención de los derechos humanos por parte del gobierno federal, y le reporta directamente al presidente López Obrador. Además, la seguridad pública salió del ámbito de la Secretaría de Gobernación.
Sin esos temas a su cargo, Sánchez Cordero se conformó con ser un florero en la Secretaría de Gobernación.
Licenciada en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, Sánchez Cordero participó en el movimiento estudiantil de 1968. Incluso, simpatizó con la ola hippie.
También hizo estudios de posgrado en Política Social y Administración en Reino Unido, y se desempeñó como magistrada numeraria del Tribunal Superior de Justicia del entonces Distrito Federal, de 1993 a 1995. Su gran encargo, que la llevó a ser considerada una de las mujeres más influyentes y poderosas de México, fue como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de 1995 a 2015.
El legado de Olguita, como la conocen en el gabinete presidencial, es menor al esperado. De ella se esperaba mucho más que lo que mostró. Pese a que públicamente expresó sus posiciones más progresistas, no avanzó el aborto en todo el país y aún continúa atorada una ley para despenalizar la marihuana.
Olga Sánchez Cordero deja la Secretaría de Gobernación y regresa al Senado de la República para presidir la Mesa Directiva. Llega a los terrenos de Ricardo Monreal, el poderoso presidente de la Junta de Coordinación Política, coordinador de los senadores de Morena y abierto aspirante a la Presidencia de la República.
Es bien sabido que el poder real en el Senado se concentra en la Junta de Coordinación Política, lo que deja a la Mesa Directiva en un papel secundario, protocolario y casi decorativo. Sánchez Cordero no le disputará el poder a Monreal, sino que se plegará a él. La exministra de la Corte acompañará al presidente López Obrador en las ceremonias protocolarias del próximo mes de septiembre, pero nada más.
Si bien el papel de Sánchez Cordero en la Secretaría de Gobernación fue decorativo, en el Senado no aspira a algo más.
Hábilmente, Ricardo Monreal marcó inmediatamente sus terrenos y dejó claro que la designación-elección de la presidenta de la Mesa Directiva del Senado pasa por su oficina. “He conversado con las aspirantes a presidir la Mesa Directiva, y con las senadoras y los senadores del Grupo Parlamentario, para proponer a la Dra. Olga Sánchez Cordero como presidenta del Senado para el primer año de la LXV Legislatura”, señaló en Twitter. Poco después, y después de varias reuniones, Monreal publicó una foto en sus redes sociales junto a las cuatro mujeres que aspiraban a ocupar la Presidencia del Senado: Marybel Villegas, Imelda Castro, Bertha Caraveo y Ana Lilia Rivera.
Todas ellas manifestaron que en unidad declinaron a su legítima aspiración, y con seguridad al menos una de ellas ocupará alguna posición compensatoria, como una vicecoordinación, una secretaría en la Mesa Directiva, o la Presidencia de alguna Comisión. Cualquiera de esas posiciones está al alcance del presidente de la Junta de Coordinación Política.
Olguita dejó mucho que desear como secretaria de Gobernación, por su actitud sumisa y reverencial ante López Obrador. El presidente de la República le dio trato de florero.
En el Senado también se espera más de Sánchez Cordero, aunque por lo que se vio en la Secretaría de Gobernación, también es previsible que asuma una posición decorativa. Ya se acomodó en ella, y hasta parece haberle encontrado el gusto.
