Si algo ha distinguido la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido su distanciamiento de la realidad. Sus famosos “otros datos”, que siempre menciona pero que nunca muestra, no dejan de ser mentiras con la intención de hacer pasar su gobierno como exitoso en cualquier rubro que a él se le ocurra.
Si la economía va mal, él tiene otros datos; si la inseguridad va en escalada, él tiene otros datos; si los homicidios dolosos ya superan los registrados en el sexenio de Felipe Calderón, él tiene otros datos.
Recientemente, reiteró lo que ha dicho en otras ocasiones: “yo no voy a estar aquí si no tengo el apoyo de la gente, no voy a estar de florero. No estoy dispuesto a pasar a la historia como un presidente mediocre”.
Y lo que son las cosas, al día siguiente de su reiteración el periódico británico Financial Times lo ubicó como el segundo presidente en el mundo con mayor popularidad. Por esa publicación, ahora sí le cayó bien al presidente este periódico “neoliberal” y “fifí” que hace un año publicó un editorial en el que aseguró que hay buenas razones para sentir miedo de López Obrador, quien “está por convertirse en una figura del autoritarismo en América Latina”. Además, refirió que “cuando un presidente exige lealtad ciega de los funcionarios, deberían sonar las alarmas. Cuando pide el voto popular para enjuiciar a sus predecesores, lanza una andanada contra el organismo electoral independiente y avergüenza públicamente a quienes lo critican, hay buenas razones para sentir miedo”.
En aquella ocasión, el Financial Times fue descalificado por López Obrador, quien consideró al periódico inglés como vocero del neoliberalismo.
Pero la popularidad no significa que se esté haciendo un buen gobierno.
México ocupa el cuarto lugar mundial por el número de muertes registradas a causa del coronavirus. Ello, incluso sin contar el número real de fallecimientos por la COVID-19, que la propia Secretaría de Salud reconoce en su reporte de exceso de mortalidad en 426 mil 635 al 25 de septiembre pasado. El número de muertes asociadas a COVID-19 que la Secretaría de Salud reporta es de 275 mil 299, es decir, a pesar de que las dos cifras provienen de la misma fuente, la Secretaría reporta 151 mil 336 fallecimientos menos que los que reconoce oficialmente. Así es como se manejan los “otros datos”.
En el caso de la economía, ocurre algo similar. Al arrancar el sexenio, López Obrador tenía un bono en cuanto al crecimiento económico del PIB de 2.5%, y la creación en un sexenio de 4 millones de empleos formales. Sin embargo, en 2019 el país registró ya un decrecimiento de -0.8%, que se agudizó en 2020 con la caída del PIB de -8.9%. El año pasado también se perdieron 647 mil 710 empleos formales.
La pandemia sigue siendo el pretexto perfecto que López Obrador utiliza para justificar el pésimo manejo económico del país. Por desgracia, en los primeros tres años de gobierno también hubo un aumento en el número de pobres, y 5 millones de mexicanos pasaron a engrosar la franja de pobreza.
Al mes de agosto pasado, la economía registró su mayor caída en 15 meses debido a diversos factores, entre los que destacan los cambios legislativos en la subcontratación. También en agosto, el Indicador Global de la Actividad Económica, que permite conocer y dar seguimiento a la evolución mensual del sector real de la economía, se contrajo 1.6% contra el mes anterior, lo que Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, calificó de mala noticia por el retroceso de 2.5% en las actividades terciarias, o sea, comercios y servicios.
El INEGI también dio a conocer recientemente la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, que señala que hubo una contracción de la población ocupada que se redujo en 544 mil personas.
López Obrador no quiere pasar a la historia como un presidente mediocre, pero está haciendo hasta lo imposible por lograr que así sea. López Obrador no debe olvidar que cómo pase a la historia no depende tanto de él sino de quien sea su sucesor, y lo que él o ella quieran contar sobre López Obrador.
Por lo pronto, los resultados obtenidos hasta ahora en su gestión lo ubican como un presidente mediocre, tirando a pésimo.
