La influencia de Beatriz Gutiérrez Müller en varios de los nombramientos diplomáticos ordenados por su esposo, el presidente Andrés Manuel López Obrador, es notoria y cada vez más evidente. Algunos cónsules y embajadores deben -o debieron- sus nombramientos en esta administración a su relación con Gutiérrez Müller.
Quizás por el desdén que López Obrador siempre ha mostrado por las relaciones internacionales, Gutiérrez Müller decidió influir en la designación de diplomáticos, y no en todos los casos han sido personajes con méritos para encabezar una representación mexicana en el extranjero.
Hasta ahora, la diplomacia mexicana era uno de los orgullos nacionales, pues la historia refleja una serie de pasajes gloriosos y de gran orgullo para el país y para la labor diplomática mexicana.
En el Senado de la República, por ejemplo, se conmemora cada año la gesta de Gilberto Bosques, el Schindler mexicano, que como cónsul general en Francia salvó la vida de miles de refugiados políticos españoles republicanos, judíos franceses, libaneses y otros perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Pero el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió tirar a la basura todo ese orgullo. En sí, el mandatario mexicano siempre ha mostrado su desprecio por las relaciones internacionales. Su frase de que “la mejor política exterior es la interior” define lo que él piensa sobre las relaciones con otras naciones y centra toda su atención en lo que ocurre en México. Para él, la globalización es un invento neoliberal, por lo que prestarle atención significaría validar que el neoliberalismo tiene reglas que aplican en general y que son contrarias a muchas de sus propias ideas.
Ese desdén presidencial por las relaciones de México con el extranjero ha permitido que personajes cercanos a su esposa sean beneficiados con consulados y embajadas.
Al inicio del sexenio, Martha Bárcena, esposa del también diplomático Agustín Gutiérrez Canet -tío de Gutiérrez Müller- fue designada embajadora de México en Estados Unidos, el cargo más importante de la diplomacia mexicana. Bárcena posee una destacada trayectoria diplomática, pero su enfrentamiento con el canciller Marcelo Ebrard influyó para que dejara la posición en febrero de 2021. Bárcena y Gutiérrez Canet son ahora dos de los más recalcitrantes críticos de la labor de Ebrard al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Después vino la designación de Isabel Arvide como cónsul en Estambul. Sin más mérito para ello que una presunta amistad con Gutiérrez Müller, Arvide fue enviada a Turquía en una decisión que no gustó al jefe de la diplomacia, el canciller Ebrard. De hecho, desde su posición en la capital turca, Isabel Arvide ha mostrado en distintas ocasiones que no respeta a Ebrard, y con declaraciones incendiarias ha dejado claro que su nombramiento salió de Palacio Nacional.
López Obrador también decidió enviar como embajador de México en Panamá a Pedro Salmerón, un historiador cercano a Gutiérrez Müller, a pesar de que carga con denuncias públicas como acosador de mujeres. La negativa del gobierno panameño de otorgar el beneplácito a Salmerón obligó al historiador a “dar un paso de costado” y no aceptar la propuesta de López Obrador. El presidente decidió entonces proponer a Jesusa Rodríguez como embajadora en Panamá.
La amistad con Beatriz Gutiérrez Müller pesa mucho en este sexenio. Sin duda, sus propuestas influyen demasiado en el ánimo del presidente López Obrador, y en el ámbito diplomático han provocado cierto choque con el canciller Ebrard. Hay alguien que tiene aspiraciones políticas y ocupa una oficina enfrente de la Catedral Metropolitana, que debería tomar nota de esa influencia y del silencioso enfrentamiento con Ebrard.
