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Se tenía que decir. La primera gran derrota legislativa de López Obrador. Por: Santiago Cárdenas Destacado

19 Abr 2022
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Durante la primera mitad del actual sexenio, el presidente Andrés Manuel López Obrador disfrutó las mieles de gobernar y legislar a placer, como producto del generoso voto mayoritario que en 2018 le brindó la ciudadanía, o el pueblo como el mismo mandatario gusta llamarle. Ese voto mayoritario le alcanzó para contar con un número suficiente de diputados dispuestos a votar a favor en cualquier iniciativa presidencial, sin necesitar a la oposición.

 

De esa forma, durante la primera mitad del sexenio el presidente López Obrador se dio el lujo de enviar iniciativas al Congreso que fueron aprobadas sin modificarles una sola coma. Gobernaba y legislaba a placer.

 

La elección intermedia de 2021 modificó la composición de la Cámara de Diputados, y con ello empezó la caída, en los hechos, de la aprobación presidencial. Más allá de las encuestas, que muestran que la popularidad del presidente se mantiene en altos niveles, los votos emitidos en la elección intermedia y en la consulta de revocación de mandato del pasado 10 de abril muestran que ese pueblo ha ido desvaneciendo su respaldo a López Obrador.

 

La pérdida en 2021 de cerca de 50 diputaciones afines a la coalición Juntos Haremos Historia fue minimizada en su momento, pero tomó relevancia el pasado fin de semana. A pesar de que sabía que la reforma eléctrica planteada desde Palacio Nacional no alcanzaría la mayoría calificada en la Cámara de Diputados que requiere cualquier modificación constitucional, el presidente forzó su presentación y consecuente discusión en San Lázaro.

 

Por supuesto, la reforma eléctrica no pasó. De los 498 votos emitidos, 223 fueron en contra, la totalidad del bloque PRI-PAN-PRD-MC.

 

Esta fue la primera gran derrota legislativa del presidente López Obrador. Hasta ahora, sus otros tropezones habían sido en el ámbito de su propia actuación: el desabasto de medicamentos, principalmente contra el cáncer infantil; el número de homicidios dolosos sin precedentes, la corrupción demostrada en familiares y personas cercanas a él, entre otras, pero no se había registrado un revés en el ámbito legislativo. De hecho, nunca una reforma constitucional propuesta por algún presidente había sido desechada.

 

En realidad, la reforma eléctrica estaba muerta desde el principio. Al presidente le ganó la soberbia. No ha entendido que en la segunda mitad de su gobierno, por los votos perdidos en la elección intermedia, su partido y aliados tienen que negociar con la oposición o están condenados a sufrir derrotas en los siguientes intentos de modificar la constitución.

 

López Obrador tiene la intención de mandar al Congreso dos iniciativas más de reforma constitucional: una que tiene que ver con el marco jurídico de la Guardia Nacional, y otra más, quizás la más relevante, una reforma política que busca modificar la manera en que se designen los consejeros electorales.

 

Cualquier intención del presidente por modificar la Constitución en este segundo tercio de su sexenio nacerá muerta si no hay interlocución con la oposición. La soberbia de López Obrador, empecinado en no modificar ni una coma a su propuesta de reforma, se refuerza ahora tildando a los diputados opositores como traidores a la patria. Si no están conmigo son traidores a la patria, es el mensaje que les manda. Busca con ello desacreditarlos, pese a que en todo momento advirtieron su voto en contra si no había diálogo.

 

La primera gran derrota legislativa de López Obrador es consecuencia de la debacle electoral que Morena y sus aliados registran desde 2021. Si el presidente y Morena no lo entienden, pueden irse despidiendo del poder desde ahora.

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