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Desde San Lázaro. Medidas populistas contra la inflación, auguran fracaso. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

28 Abr 2022
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Ante la falta de creatividad, de apoyos fiscales, de  respeto al estado de derecho y de expertos calificados para llevar a cabo políticas públicas que incentiven la productividad y las inversiones, al presidente López Obrador se le ocurrió copiar a los expresidentes priistas para abatir la inflación, mediante el control de precios que solo causará más carestía, mercado negro  e irritación social.

Al igual que Luis Echeverría y José López Portillo, quienes ante la incapacidad de generar un círculo virtuoso de productividad se enfrascaron en pretender controlar la inflación castigando al sector privado con la imposición de controles de precios que a la larga pulverizaron los sueldos de los trabajadores.

Los salarios subieron por las escaleras y la inflación por el elevador.

La propuesta de AMLO  a los campesinos, ante los altos niveles de inflación, para que siembren maíz y frijol para autoconsumo solo causó hilaridad, ya que este sector de la población no tiene siquiera para comprar la semilla y los fertilizantes, amén de que sus tierras son de temporal y están sujetas a las benditas lluvias.

El epítome de los pactos nacionales con la participación de todos los sectores de la sociedad para controlar la inflación, fue con Miguel de la Madrid quien con sus geniales medidas, dispararon los niveles de la escalada de precios a más del mil por ciento, hasta que se llegó, ya con Carlos Salinas y Ernesto Zedillo,  a quitarle tres ceros a la moneda.

Desde luego, ahora las circunstancias son otras en razón de los niveles de las reservas internacionales y de la fortaleza y autonomía del Banco de México, empero, el apetito que tiene el gobierno de la 4T por recursos frescos, hacen demasiado atractivo apoderarse de esta institución y de sus activos.

Cierto, el fenómeno de la inflación presenta alcances mundiales, detonada por la pandemia, la guerra en Ucrania y el alza de los energéticos, entre otros factores, pero también es verdad que el mal gobierno de López Obrador agudizó el problema.

Con sus decisiones ahuyentó a la inversión extranjera y por supuesto a la nacional. Las consecuencias de haber cancelado el aeropuerto de Texcoco y luego toda una serie de medidas para dejar sin efecto los contratos que se le han otorgado a la IP en sectores estratégicos como el energético, tan solo por citar un caso, han impedido la generación de nuevos empleos formales para atender la demanda que, por lo menos, debe ser la creación de un millón de plazas al año.

La expropiación y nacionalización del Litio es un claro ejemplo de lo que hablamos.

Se empeñó en tirar el dinero público en tres faraónicas obras que  no servirán para apoyar al grueso de la población en momentos como este, en donde se requieren estímulos fiscales para abatir los costos de los productos de la canasta básica.

Mientras que en otros países apoyaron a los empresarios y productores durante la pandemia, aquí se les dejó morir solos y ahora que se requiere contar con un sector productivo sólido y a las Mipymes para generar demanda y riqueza, pues sencillamente están aniquiladas.

Pero eso sí, ahora que el gobierno no encuentra salidas ante el gravísimo problema de la inflación y sus alcances a mediano y largo plazo, pretende establecer un control de precios, medida que además de obsoleta será ineficaz y solo servirá  momentáneamente  para darle popularidad al presidente, pero en cuanto el pueblo compruebe que fue un engaño, las cosas se pondrán peligrosas.

AMLO debe suspender la construcción de la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el fondeo de sus programas de política social-electoral para apoyar fiscalmente a los trabajadores y a los empresarios, al tiempo de reestablecer apoyos focalizados del gobierno a sectores de la sociedad que viven en la pobreza y  marginación.

El presidente López Obrador les pide a los empresarios que se aprieten el cinturón mientras su gobierno sigue derrochando el dinero público en ocurrencias como las consultas populares para enjuiciar a los expresidentes y la revocación del mandato.

Sin disciplina y control del gasto público no habrá receta mágica para controlar la inflación.

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