Claudia Sheinbaum debería ser muy precavida con las promesas de votos que le ofrecen todos aquellos que hacen de la lambisconería su modus vivendi, al bajarle las estrellas con prometer 35 millones de votos para encumbrarla como presidenta de México, como ha sido el caso del dirigente nacional de Morena, Mario Delgado.
De este tamaño es la desfachatez y el cinismo del ex secretario de Finanzas de Marcelo Ebrard, cuando este era jefe de gobierno de la CMDX. Bien señala el dicho de que prometer no empobrece, pero de eso a mentirle flagrantemente a su candidata es ser un sinvergüenza.
Para empezar, diremos que el abstencionismo será el enemigo a vencer en los comicios de junio, toda vez que los porcentajes de este fenómeno andan en rangos del 40 por ciento del padrón electoral.
Paralelo a ello, diremos que a menor abstencionismo, aumentan las posibilidades de que gane Xóchitl Gálvez la elección presidencial y no al contrario, ya que si se vuelca la ciudadanía en las urnas sería para impedir que siga gobernando el autollamado gobierno de la 4T.
Entonces la lógica de Delgado es contradictoria porque no hay forma de que, incluso, rebasen, el umbral impuesto por AMLO que fue de 30 millones de votos y si hay una votación copiosa, pues debería de preocuparse porque la derrota es inminente, tal como también ocurrió cuando Vicente Fox ganó la presidencia.
Una cosa es el voto duro del oficialismo que anda en rangos de 15 millones votos y otra, muy diferente, es que los mexicanos en edad de votar acudan a apoyarlos, ni es posible y menos previsible.
Vamos por partes, en 2018, AMLO tuvo 30 millones 113 mil 483 votos, el 53.2% de la votación nominal. Esta cifra de suyo es difícil de volver a ocurrir, en virtud de las condiciones excepcionales que se dieron ese año no se volverán a presentar, como el caso de un ánimo revanchista entre la población por sacar al PRI del poder y de impedir de que el PAN volviera a gobernar y de la gran esperanza que representó el tabasqueño en la alternancia el poder.
En las anteriores dos elecciones (2006 y 2012) en las que perdió López Obrador, tuvo alrededor de la mitad de votos en cada una de ellas, es decir 15 millones.
En la revocación de mandato y en las elecciones intermedias, volvió a presentar esos números, no más.
En estos momentos si usted se cuestiona sobre cuáles podrían ser los motivos para que el oficialismo rebase ese número de votos, no existe una razón suficiente para llegar, siquiera los 20 millones, así que mucho menos los ya célebres 35 millones de votos que irresponsablemente ha prometido Mario Delgado.
Por eso decimos que es un error alentar el triunfalismo y la soberbia por las alegres cifras que prometen y que en realidad son enemigos del obradorato.
En 2018 había 89.3 millones de mexicanos en la Lista Nominal del IFE, de ellos fueron a votar 56.6 millones y no acudieron 36.6 millones.
Para el próximo domingo 2 de junio habrá cerca de 98 millones de personas inscritos en la Lista Nominal.
Si acudiera a las urnas el próximo 2 de junio, un porcentaje similar al de 2018, es decir 63.4% estaríamos hablando de 62 millones de votantes
Como cita Roberto Vizcaíno en su columna de Diario Imagen que dirige el periodista José Luis Montañez, si ocurre un “milagro” del oficialismo, en el mejor de los casos, tendrán 25 millones de votos y con ese rango de votación se estaría comprometiendo su triunfo en la elección.
Por esta razón en lugar de andar prometiendo las perlas de la virgen, deberían aplicarse en presentar mejores resultados en eso que se llama que llaman gobernar y no en andar en campaña todo el tiempo.
O usted cree estimado lector que los familiares de los fallecidos por la negligencia criminal en la gestión de la pandemia de Covid-19, van a apoyar a Morena, o los afectados por el desabasto de medicamentos o más aún, los miles de desplazados por la violencia o los deudos de los familiares de los más de 170 mil homicidios que van en este sexenio, se volcarán en las urnas para apoyar al actual régimen.
Y el sueño guajiro de lograr la mayoría calificada en el Congreso, es una verdadera “mamufada”, ya que para ello ocurriera tendrían que ganar la elección en todos los estados y ello, es para decirlo suavecito, es imposible y es un argumento engañabobos.
