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Desde San Lázaro. Golpe de timón (2). Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

04 May 2018
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El pasado viernes en este espacio dijimos que era necesario un golpe de timón de José Antonio Meade para reimpulsar su campaña rumbo a la victoria y por ello era necesario hacer cambios al interior de su equipo y en el PRI.

Ya comenzó, con el retraso tardío de Enrique Ochoa, se volvió a confiar en los militantes del PRI, que fueron sobornados y maltratados por un dirigente que nunca se vio cómodo en una posición que le fue totalmente ajena.

Los priístas del país están ofendidos por una dirección nacional que no solo tienen problemas de candidaturas, sino que les molesta la puerta de su casa.

Ahora, con René Juárez, se voltea hacia ese voto duro, que es bueno para la victoria electoral, también es una realidad que es fundamental para tener un piso seguro para conquistar el voto útil.

Empero, hay que decirlo, la marca PRI es la más aborigen por los grandes sectores de la población que se siente agraviados y por eso claman por un cambio y por la desgracia voltean un candidato antisistema por antonomasia

El menos culpable de ese rechazo generalizado es José Antonio que, sin embargo, asumió que el alcalde se arrepintió de su vida, en donde puso su prestigio y capital político en riesgo.

No creo que un René Juárez, priista por convicción, puede enderezar el barco del Revolucionario Institucional que hace agua por militantes corruptos y por cacicazgos regionales y menos en 56 días que restan para la cita con las urnas.

Vienen más cambios al frente del equipo del equipo del candidato tricolor, particularmente en que son impuestos desde Los Pinos y desde la Cancillería. Estos personajes, lejos de ayudar a la causa, tienen una carga por su ineficiencia para operar al ritmo que impone una campaña en donde se queda una contracorriente.

Esa gente que no es de Meade, saldrán en los próximos días. De hecho, varios de ellos ya han sufrido el frío que causa la ley del hielo.

El próximo paso es la metamorfosis de un candidato que no enciende las pasiones ni las emociones. Un candidato estructurado como un tecnócrata, debe dejar las ataduras y permitir que emerja su verdadera personalidad para conectar con ese electorado que reconoce su proceso experiencia.

Nadie tiene los blasones de Meade, sin embargo, nadie tiene los grilletes que lo impiden caminar y no digamos correr, tras el primer lugar.

Hay políticos que creen que son dueños de la verdad absoluta y que no resisten la crítica ni los consejos de los amigos ni colaboradores.

Sabemos que Meade ha rechazado a expertos de reconocido prestigio en medios de comunicación y preparación en debates, tal vez, porque estos no son el corazón para corregir errores y actitudes recurrentes en un discurso verbal y lenguaje corporal, en el que suele caer el abanderado de la coalición Todos Por México que aglutina al PRI, PVEM y Nueva Alianza.

No solo se requiere cambios de colaboradores y dirigentes partidistas, estrategia y contenidos, se necesita ajustes en la persona de quien representa la esperanza de millones de mexicanos.

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