Efectivamente, ya es una fecha icónica en el calendario de los movimientos sociales más relevantes del país. No fue por la cantidad de muertos ocurridos en esa fecha fatal del dos de octubre de 1968, sino por el impacto que tuvo precisamente en el acontecer nacional y sobre todo en la protesta al poder totalitario que se sentía invencible hasta finales de la década de 70´s.
Los que tenemos cierta edad, fuimos testigos, ya en primera persona, ya por oídas, pero supimos que algo muy grave había ocurrido.
Más por la curiosidad, propia de un niño, que por los mismos acontecimientos, acudí con un primo, un día después, a Tlatelolco. La vecindad a la Ciudadela, nos permitió llegar hasta donde lo que quedaba del gas lacrimógeno, nos permitió.
¿Qué vimos? Solo soldados y policías en frenético movimiento. Amén de algunas personas que sorprendidas y temerosas acechaban el lugar.
Ahora 50 años más tarde, observamos que la fecha conmemorativa está más vigente que nunca y de alguna manera, tanto el sector oficial, como varios sectores de la sociedad civil se suman a las celebraciones luctuosas, aunque hay algunos oportunistas como José Ramón Amieva, jefe del gobierno de la ciudad de México, que no tienen la menor idea de los que significó el movimiento del 68 y creen que por quitar placas conmemorativas se va a borrar de la historia los trágicos sucesos ocurridos en esa fecha y a los autores intelectuales.
Ayer el diputado del PES, Fernando Manzanilla, emitió una acertada declaración al señalar que el movimiento estudiantil del 68 fue una revolución estudiantil y el cambio de régimen de este 2018 fue otra revolución: “Creo que hay un despertar del país, una apertura, una conciencia, una nueva forma de ver la vida”
La participación activa de la ciudadanía permitió el cambio de paradigmas en 1968, ahora, nuevamente con la alternancia del poder, ese activismo es también demandante. Por ello ese voto de confianza externado en las urnas el 1 de julio a Andrés Manuel López Obrador, no es un cheque en blanco, al contrario es una elección que va acompañada de reclamos firmes que exigen soluciones inmediatas y de fondo que rechazan tajantemente, la mentira, la simulación y la demagogia.
Tiene razón el rector Graue cuando señala, a propósito del 68 que ahora el país está en reconciliación, en el momento de tener la aspiración a ser distintos y mejores.
Mientras tanto, en la cámara de Diputados, en Sesión Solemne, se inscribió con Letras de Oro, en el Muro de Honor del Salón de Sesiones, la leyenda “Al Movimiento Estudiantil de 1968”, conforme al decreto aprobado por el Pleno Cameral el pasado 20 de septiembre, el cual señala que se cumplen 50 años de los trágicos acontecimientos, en la Plaza de Tlatelolco, en la Ciudad de México.
La pluralidad de ese órgano deliberativo quedó de manifiesto al participar diputados de todos los partidos que tienen representación. Así, la develación estuvo a cargo de los coordinadores parlamentarios Mario Delgado Carrillo (Morena); Juan Carlos Romero Hicks (PAN); Rene Juárez Cisneros (PRI); Fernando Luis Manzanilla Prieto (PES); Reginaldo Sandoval Flores (PT); Alberto Esquer Gutiérrez (MC); Ricardo Gallardo Cardona (PRD), y Arturo Escobar y Vega (PVEM).
A la sesión encabezada por el presidente de la Mesa Directiva, diputado Porfirio Muñoz Ledo, asistieron el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Luis Graue Wiechers; el director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Mario Alberto Rodríguez Casas, y el representante del Comité del 68, Félix Hernández Gamundi.
El decreto precisa que el Movimiento Estudiantil de 1968 y los hechos del 2 de octubre de aquel año, “son un punto de inflexión en el México contemporáneo a partir del cual el país caminó hacia la apertura democrática de las instituciones que ejercen el poder político, hasta entonces dispuestas bajo un esquema de partido dominante
