La popularidad se desborda y ningún presidente de la república había alcanzado esos índices de aceptación en sus primeros meses de gobierno. Unos dicen que AMLO tiene 78% de popularidad, otros, el 90% y algunos más entusiastas dicen que todos los mexicanos adoramos al presidente.
En la realidad, lo cierto es que las casas encuestadoras toman la radiografía del momento sobre muestras que, en el mejor de los casos, están escasamente informadas.
La encuesta realizada por Alejandro Moreno que se publicó en El Financiero, es el resultado de entrevistar a mil adultos a nivel nacional y en la cual el 65 por ciento dice estar satisfecho con el rumbo del país.
No importa si López Obrador limita la ayuda a víctimas de maltrato y a los menores o si cierra las estancias infantiles.
Mucho menos es relevante que la cancelación del aeropuerto de Texcoco vaya a costar 150 mil millones de pesos o que las expectativas de crecimiento decaigan drásticamente. Lo que importa es lo que dice el titular del Ejecutivo Federal: “¡Vamos muy bien!”.
Se pueden enumerar otras tantas acciones que ha hecho el gobierno de la 4T en sus primeros cien días de gobierno que ha causado un severo daño a la economía, como el bloqueo a las vías ferroviarias o las huelgas que, como cáncer, empiezan a germinar en varios estados del país.
Sabrán esos mil entrevistados por la encuesta que la reducción del PIB pegará, sin duda, en la generación de empleos y que la baja de la calificación, por parte de las calificadoras internacionales, provocará que los intereses que se pagan por la deuda internacional de México, se incremente significativamente, entre otros impactos, lo que significa que el gobierno tendrá menos presupuesto para apoyar a la gente.
La población en general no tiene idea de lo que significa, por ejemplo, la baja de perspectiva de Pemex, que hiciera S&P, de estable a negativa. A ellos les basta que el presidente diga que son fifís, conservadores y traidores a la patria.
A mayor nivel educativo y de información, mayor la preocupación sobre lo que acontece en el país.
Los resultados de las encuestas mantendrán las tendencias favorables a AMLO y con el pasar de los meses, sin duda, se revertirán.
La apuesta del presidente es la reelección y para ello trabaja, sin importar que ese proyecto mesiánico va a poner de cabeza a México.
Muchos dirán que son tiempos muy adelantados para que ello suceda, otros, que es una idea descabellada, producto de la imaginación de quien esto escribe, empero, cada día vemos como la hoja de ruta del tabasqueño se asemeja a la que, en su momento, llevó a cabo Hugo Chávez en Venezuela.
El día de ayer en su conferencia mañanera, AMLO contestó, a pregunta expresa, que la revocación de mandato se haría cada tres años a lo que de inmediato varios quedaron atónitos, si así fuera, a él solo le correspondería la del 2021 y no cada trienio.
La intención de terminar con todos los programas sociales creados e implementados por sus antecesores y establecer la nueva generación de ellos, que le garantice a López Obrador tener toda esa estructura electoral que apoye sin restricciones sus decisiones y con mayor razón, su reelección.
En las próximas semanas seremos testigos de los intentos en el Congreso de modificar el artículo 35 constitucional, ese que habla sobre las consultas populares y la revocación de mandato, en el cual quitarán los candados que existen ahora y que tienen que ver con la injerencia del INE en la convocatoria, organización y calificación de las consultas.
