Parece un tema baladí, sin embargo es menester observar cuales son las prioridades del presidente a la hora de canalizar los recursos que, no obstante que cada año se etiquetan con la aprobación del Paquete Fiscal, se mueven conforme a su deseo.
Entre las obras de infraestructura en donde destacan la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, y el aeropuerto de Santa Lucía, además del fondeo a los programas sociales, prácticamente están agotados los ingresos, claro, considerando el gasto corriente que soporta a la burocracia y los proyectos de inversión que se están haciendo en territorio nacional.
La cobija es tan pequeña que no alcanza a cubrir todas las necesidades, por ello la SHCP, léase Raquel Delgado debe liberar los recursos bajo la lógica de prioridades del titular del Ejecutivo Federal. Así, los programas que interesan a López Obrador, se pagan los pasivos de inmediato.
Ese es el caso, del presupuesto que se ejercerá este año, 350 millones de pesos, para desarrollar el programa Fun at Bat, el programa piloto, por supuesto, inicia en la CDMX, para enseñar este deporte en 3 mil quinientas escuelas de todo el país, a las que asisten más de un millón, 300 mil niños.
A partir de agosto, mes en que inicia el nuevo ciclo escolar 2019-2020, se espera que los alumnos tengan su encuentro con este deporte que, a no ser por las clínicas que hacen los equipos profesionales de béisbol del país, nunca se había hecho a este nivel.
La promoción de la práctica de algún deporte es encomiable, no importa, incluso en que etapa de la vida se haga, sin embargo, habría que ponderar los alcances del deseo presidencial por promover el beis a nivel masivo y distraer recursos que evidentemente se requieren en otros temas como, sin duda es el sector salud.
Se habla que un practicante de este deporte desarrolla habilidades que tienen que ver con respetar y cumplir las reglas, competir con humildad para ganar, a jugar en equipo y otros atributos que lo colocan como el rey de los deportes.
Habrá algunos detractores que dirán que son los mismos valores que promueven otros deportes de conjunto como el mismo basquetbol o, por supuesto el futbol y que ven como un dispendio fomentar como política pública este deporte que, para empezar requiere espacios grandes para su práctica, ya no digamos lo uniformes y el equipo, además de toda la infraestructura de entrenadores y jueces.
Bien que el presidente quiera inculcar entre la juventud la práctica de un deporte, en este caso el beis; mal, que se desvíen recursos que deben canalizarse a las prioridades básicas que tiene la población, como la misma subsistencia, el acceso a la salud y a la educación.
Mientras que son peras o manzanas, en estos primeros seis meses de gobierno, por ejemplo se cerraron los comedores comunitarios en los cuales se servían alimentos calientes a la población que se encuentra en las peores condiciones de subsistencia, pero como este programa no lo implementó López Obrador y si en cambio Peña Nieto, pues, desapareció.
Igual ha ocurrido con otros tantos programas de política social que, uno a uno ha ido despareciendo, con el daño que ello representa.
Muchos de ellos, con 350 millones de pesos, no tan solo pueden seguir vigentes, sino que se duplicaría, por lo menos, su cobertura, pero, eso no importa, mientras que los chavos puedan aprender a jugar béisbol.
