En el México de hoy, en el que la sociedad está francamente dividida entre quienes apoyan fervorosamente al lopezobradorismo y quienes aseguran que Andrés Manuel López Obrador es un mal Presidente, vale la pena, como dice el propio mandatario, serenarse, y analizar los argumentos de ambos bandos para entender el momento actual y comprender cuál sería el futuro inmediato del país.
Quienes son afines a López Obrador aseguran que es necesario darle tiempo a su Gobierno, porque el país se recibió hecho un “cochinero” y porque los cambios después de más de 30 años de neoliberalismo no se pueden apreciar tan rápido como quisiéramos. Quienes están en contra del lopezobradorismo señalan que no se trata de tiempo, sino de que las pocas cosas que ha hecho el Presidente son negativas y conducen al país al caos económico y social.
Lo que es real es que a la vista de lo que ha ocurrido desde el 1 de diciembre pasado para acá, el Gobierno que encabeza López Obrador está en riesgo de perder rápidamente los bonos democráticos que obtuvo en una elección en la que ganó por amplísima ventaja. El riesgo también está en que el actual Gobierno no esté haciendo una adecuada lectura sobre lo que la sociedad exige y espera del lopezobradorismo.
Lo que se ve hasta ahora es que nuevamente la soberbia le gana al mandatario y lo lleva a actuar de manera errática, sin coherencia, ofreciendo nulos resultados y contradiciéndose un día sí y al otro también. Su interpretación de la realidad mexicana, apegada más a lo que se vivió en el mundo en los años setentas, está lejos de encajar en la actualidad. Así se lo han dicho las calificadoras internacionales, los medios de comunicación -incluso de otros países-, y cantidad de analistas independientes de México y otras latitudes. No obstante, a nadie parece escuchar, y a nadie parece entender.
López Obrador está en riesgo de dejar pasar la gran oportunidad de darle un giro positivo al país, aprovechando que su partido cuenta con las mayorías en ambas Cámaras del Congreso. Esas mayorías de nada le sirven si no las sabe usar, y entre sus correligionarios también se ha visto que muchos de ellos anteponen sus afanes personales. Algunos, incluso, empiezan a manifestar sus ideas discordantes sin temor a la represalia presidencial.
El reciente affaire con el Presidente Donald Trump por el tema arancelario-migratorio desnudó a un Gobierno mexicano que se mostró débil, sumiso, incompetente y entregado como hacía mucho no se veía. Además, como resultado de ello la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quedó en una posición de riesgosa vulnerabilidad, al ya no contar en su cartera con el control de ninguno de los temas inherentes a la política interior: el canciller Marcelo Ebrard coordina ahora las acciones de migración del país, la seguridad pública está en manos de Alfonso Durazo, y Alejandro Encinas es el responsable directo de la atención a los derechos humanos. ¿Cuál es la función actual de la Secretaria Sánchez Cordero?
La crisis también derivó en la renuncia del Comisionado del Instituto Nacional de Migración, Tonatiuh Guillén López, sustituido por Francisco Garduño. La séptima renuncia en altos niveles del Gobierno, y apenas vamos en el séptimo mes.
En la seguridad, los números muestran que se ha empeorado. En lo económico, los indicadores no pintan bien. Y el Presidente y sus cercanos ya están agotando el recurso de decir que todo lo malo que ocurre en el país se debe a que las anteriores administraciones dejaron un “cochinero”.
El país está detenido económicamente. No avanza, y luego de que en el sexenio anterior se creció -aunque discretamente- en todos los trimestres, ahora la economía mexicana se encuentra en franca desaceleración, con datos al primer trimestre del año.
En este entorno económico, la información oficial y la opinión de diversos analistas financieros señalan que el retraso en el ejercicio del gasto público afecta a los ciudadanos, principalmente en áreas sensibles como la seguridad pública, la salud y otros servicios que otorga el Estado. En lo que va de este año sólo se han ejercido 4 de cada 10 pesos comprometidos debido a una caída en la recaudación, agravada en parte por el despido de más de 190 mil trabajadores que ahora ya no pagan impuestos ni consumen, lo que ha ocasionado que las empresas tengan ya excesos de inventarios.
Para el primer semestre de este año, el gasto público federal programado es de un billón 800 mil millones de pesos, de los cuales sólo se han ejercido 700 mil millones de pesos al cierre de junio de 2019, equivalente a 39 por ciento de lo programado. Eso, en pocas palabras, significa que sólo se han gastado 4 de cada 10 pesos autorizados en el presupuesto federal.
Además, las contrataciones en el Gobierno y los pagos a proveedores están detenidos.
El Presidente López Obrador parece no entender que el gasto del Gobierno tiene un peso de 37 por ciento en el PIB, por lo que el hecho de que sólo haya sido ejercido parcialmente se refleja en una caída del mercado interno.
¿Por qué no está gastando el Gobierno? La explicación parece sencilla: el lopezobradorismo está reteniendo el presupuesto para usarlo de acuerdo con sus intereses, que no necesariamente coinciden con los intereses generales de la población. El levantamiento de un padrón de entrega de recursos de los programas sociales, a cargo de los llamados Siervos de la Nación, lleva retraso y en consecuencia la entrega de los recursos también se ha retrasado en varios de estos programas. El Gobierno actual está a la espera de contar con este padrón para definir el rumbo del dinero público. Mientras el padrón no esté, no importa que el país se caiga en pedazos.
Mientras tanto, por todos lados se escuchan decisiones gubernamentales que caen en lo ridículo, pero que dejan ver el criterio en la aplicación del dinero.
Un ejemplo: Claudia Sheinbaum dio a conocer que se redujo el presupuesto para la gasolina de las patrullas de la CDMX. ¿De verdad?, y entonces ¿qué ocurrirá cuando las patrullas no tengan gasolina y no puedan perseguir a la delincuencia? Esto se suma a los ya bastante conocidos recortes presupuestales en otras áreas como la salud, las estancias infantiles, el combate a la delincuencia, entre otros rubros.
El destino de los recursos públicos debe ser eficiente y debe enfocarse a atender rubros prioritarios. El lopezobradorismo parece no entenderlo. ¿Necesita más tiempo? ¿Es tiempo lo que necesita?
