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Columna: Se tenía que decir… Es un PRI-MOR, estar con Obrador. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

21 Jun 2019
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Mucho se ha hablado de la importancia de contar con contrapesos fuertes ante un Gobierno que gusta del totalitarismo, que lo practica y que busca imponerlo por al menos, han dicho ellos mismos, 30 años.

 

A pesar de que sus aplaudidores reclaman y se enfadan cuando al lopezobradorismo se le señala de totalitario, lo cierto es que no puede definirse de otra manera a un Gobierno que toma decisiones a mano alzada y que con ellas le pasa por encima y deja en ridículo a autoridades constituidas del plano estatal. O cómo llamarle a un Gobierno que niega estar en picada, en caída libre, y afirma que la realidad es diferente, siempre a su favor, a pesar de que las cifras y los datos oficiales lo desmienten.

 

Cómo no llamar totalitarista a un Gobierno que impone obras faraónicas inviables, a capricho de su líder gobernante, pasando por encima de la ley e importándole poco ir en contrasentido del bienestar de la economía del país. Y cómo no llamar totalitario a un régimen que ahora parece haberse infiltrado para imponer a un incondicional como dirigente de uno de los principales partidos de oposición.

 

A nadie más que al actual Gobierno le conviene una oposición débil, que sirva a sus intereses y ¿por qué no? que eventualmente pueda hacer trabajo sucio.

 

Es evidente que la real oposición al lopezobradorismo es el PAN. Aunque actualmente ese partido no pase por su mejor momento y tenga una dirigencia débil, las constantes alusiones de López Obrador a “la derecha” y a “los conservadores”, dejan claro que es al PAN y a sus militantes a quienes el Presidente considera su oposición, o sus “opositores”, como él mismo les llama.

 

Hacia atrás, López Obrador ha cambiado a su villano favorito. Ya no es el ex Presidente Carlos Salinas, sino ahora es el ex Presidente Felipe Calderón en primer lugar, y en segundo el también ex Presidente Vicente Fox. El panismo es, pues, su rival más odiado políticamente hablando. Al panismo lo seguirá denostando, atacando, y si se puede lo hará pedazos.

 

En cambio, al otro gran partido hoy de oposición, el PRI, parece tenerle preparado otro destino. Es un destino en el que él parece influir. Es un destino con el que el PRI parece estar de acuerdo. Es un destino que convertiría al PRI y a su nueva dirigencia en soldados del Presidente.

 

Voces prominentes del tricolor lo han denunciado así, y nadie del mismo calibre ha salido a desmentir esa versión. José Narro, Beatriz Pagés, Manlio Fabio Beltrones, Ivonne Ortega, entre otros, se han pronunciado en contra de lo que han llamado la simulación de renovación de la dirigencia nacional priista, en la que se buscaría imponer al gobernador de Campeche con licencia, Alejandro Moreno Cárdenas.

 

José Narro, al anunciar su decisión de no participar más en la contienda interna del PRI, acusó la injerencia del Gobierno Federal para apoyar a Alito, como es conocido el mandatario de Campeche con licencia, e imponerlo como presidente del partido. Beatriz Pagés, que al igual que Narro renunció al partido, secundó esta versión y calificó como “inaceptable que se haya decidido entregar el partido a López Obrador”.

 

¿A cambio de qué, Alito sería apoyado por el lopezobradorismo? ¿A cambio de votos priistas que le den la mayoría calificada en el Congreso a Morena para sacar reformas constitucionales, por ejemplo? ¿A cambio de permitirle al propio Alito prolongar por varios años más su vida política? ¿A cambio de dar una bocanada de oxígeno puro al priismo en momentos en que pareciera estar condenado a la extinción?

 

En esa ecuación ¿quién sale ganando? López Obrador y su Gobierno cooptarían a una parte importante de la oposición, y mantendrían quieto a un dinosaurio que ha demostrado tener más vidas que un gato. Por su parte, el priismo ganaría interlocución con un Gobierno que hasta ahora ha dado muestras de no tener interés en dialogar con la oposición. No la necesita, o no la necesitaba hasta ahora.

 

Alito se prepara para ganar la contienda interna, con el respaldo del lopezobradorismo. El PRI se prepara para ser un apéndice del Gobierno, y en Insurgentes Norte ya entonan: Es un PRI-Mor, estar con Obrador.

 

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